Dibujando tu figura en sueños
una línea me sobraba;
la borré, apartándola a un lado,
para proseguir el deseo en el vacío.
Cuando di por finalizado el cuerpo,
la pereza me eclipsó el corazón
y me paralizó la mano de los trazos,
como rayo impune.
Pronto observé su función,
fortaleza y dulzura, con cierta amargura,
y entre promesas e iras
pensé sin llegar al alba.
Esa conjunción de puntos en forma de recta
se confundía con la línea del cielo,
y su parecido era tan desmedido
que se hacía necesaria sin llegar a arbitraria.
Me encaminé a proseguir el poderoso drama
de completar la textura, sin desvelos, con finura,
y volviendo a dibujar tu figura en sueños
me salió este verso inmune:
“Arrópame línea al frío cautivo de la distancia,
descríbeme al oído el sonido de la brisa del mar, que ella escucha,
paséame con los ojos abiertos por el amanecer de su piel,
méceme con besos entre sus otras líneas estelares cariñosas,
y deja que yo la mire o recuerde como un resplandor fugaz.”

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