viernes, 16 de enero de 2026

AMISTAD

Decía Sir Francis Bacon que: "La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad."

A diferencia de los lazos familiares, que se basan en el parentesco biológico o legal, la amistad se construye sobre la elección más o menos consciente de seres con los que compartir experiencias, intereses y valores. Una de las funciones más importantes de tener amigos y amigas es proporcionar un espacio seguro en el que expresar emociones, compartir preocupaciones y a veces recibir consuelo. Los amigos actúan como confidentes, brindando cercanía y comprensión en momentos de alegría y tristeza, siendo una red de apoyo social que puede ser esencial en momentos de necesidad vital.

Podríamos afirmar que la amistad no es un lujo social, es una necesidad psicológica y biológica. La compañía, en definitiva la vida en sociedad, es intrínseca a nuestra evolución inteligente como especie pues nuestro cerebro es un órgano social que nos ha permitido  desarrollarnos como seres humanos y adaptarnos al medio.

El teórico Robin Dunbar, sugiere que el cerebro humano creció tanto, especialmente la neocorteza, la parte más exterior de nuestro cerebro, no para resolver problemas matemáticos o buscar comida, sino para gestionar la complejidad de nuestras relaciones.

Dice que mantener el rastro de quién es amigo de quién, quién es de fiar y quién nos debe un favor, requiere una capacidad de procesamiento enorme. Y de aquí surge el famoso "Número de Dunbar" (el 150), que es el límite aproximado de personas con las que podemos mantener una relación social estable.

Las redes sociales expanden nuestra red de "conocidos", pero no necesariamente nuestra red de apoyo real. El cerebro social se siente "nutrido" por la profundidad, no por el volumen. Para la supervivencia, lo que cuentan son los lazos fuertes y no el número de seguidores.

A nivel bioquímico sabemos que el cerebro social no solo gestiona “amigos”, sino que cuando compartimos una relación con un amigo/a, liberamos oxitocina, la hormona del amor y del vínculo, que reduce el estrés, protege el sistema cardiovascular y fortalece el sistema inmune; además contrarrestamos el cortisol lo que significa menos inflamación de nuestro organismo y más calma de nuestro sistema nervioso para conseguir mayores estados de satisfacción y felicidad; incluso mantenemos vivo el sistema parasimpático permitiendo que el cuerpo descanse y se repare.

Pero no podemos caer en el error del fenómeno llamado de la "caloría social vacía", que sería  como  comparar el uso de redes sociales con la comida ultraprocesada. Las redes pueden darnos la sensación de estar conectados mientras nuestro cuerpo biológicamente sigue en estado de soledad crónica. Es decir, dopamina rápida: recibir un like activará el sistema de recompensa de forma inmediata pero efímera y las pantallas nos darán poca oxitocina porque no hay contacto, como ahora demostraremos. 

Un primer estudio, meta-análisis de Holt-Lunstad, que llaman estándar de oro científico por sus hallazgos en 2010,  demuestra que tener fuertes lazos sociales incrementa nuestra probabilidad de supervivencia en un 50 %  

Esta misma autora, en otro estudio cinco años después, señaló el efecto negativo del reverso de la moneda, es decir: que el aislamiento social incrementa el riesgo de muerte en un 29 %, el sentirse solo incrementa el riesgo en un 26 % y vivir solo en un 32 %

Otros experimentos fundamentales fueron de Harry Harlow con los macacos Rhesus son la piedra angular para entender el vínculo de apego y el desarrollo del cerebro social. En los años 50, la creencia dominante en psicología, que era el conductismo, decía que los bebés se apegaban a sus madres solo porque ellas les daban comida. Y Harlow demostró que esto era falso de esta manera experimental.

Separó a crías de macaco de sus madres biológicas y les dio dos opciones:

Una madre de alambre, estructura fría que tenía un biberón con leche y una madre de trapo, una estructura suave y cálida, pero que no ofrecía alimento.

El resultado fue impactante: Las crías pasaban casi todo el día (hasta 18 horas) abrazadas a la madre de trapo. Solo iban a la de alambre el tiempo estrictamente necesario para comer y volvían corriendo a refugiarse en la suavidad.

Este experimento reveló tres pilares que hoy sabemos que son vitales para el cerebro social humano:

1-      El "Confort de Contacto": El cerebro de los primates (incluyendo el nuestro) está programado para buscar seguridad táctil. El contacto físico calma nuestra amígdala (el centro del miedo, que como sabes está situado en nuestro sistema límbico) y permite que el cerebro social se desarrolle sin estar en modo "supervivencia".

2-      El “apego seguro”: Cuando los monos tenían a su "madre de trapo", se sentían valientes para explorar objetos nuevos. Sin ella, se paralizaban de miedo. Esto demuestra que el apego seguro es el motor que permite al cerebro social salir al mundo y aprender de otros.

3-      “Sin interacción no hay desarrollo”: Los monos que crecieron solo con las madres artificiales (sin interacción con otros seres vivos) desarrollaron graves patologías sociales de adultos: eran incapaces de comunicarse, eran agresivos o se autolesionaban. Su red neuronal social nunca se "cableó" correctamente porque les faltó el estímulo de un igual.

Hoy la neurociencia explica que cuando un bebé (humano o mono) recibe afecto, su cerebro activa el sistema dopaminérgico, que es el motor de la anticipación y de la motivación. Y el experimento de Harlow fue la primera prueba visual de que el cerebro social valora la conexión emocional por encima de las necesidades biológicas básicas como el hambre.

Desde la filosofía, la reflexión sobre la amistad es milenaria.  Aristóteles en Ética a Nicómaco ya definía tres tipos de amistad:" Amistad por Placer que dura lo que dura el gozo mutuo; Amistad por Utilidad, que dura lo que dura el beneficio mutuo; y Amistad de la Virtud (Perfecta) que persiste cuando deseas lo mejor para tus amigos, por su propio bien.

Aristóteles argumentaba también que solo esa amistad en la que deseamos el desarrollo moral del amigo, nos da la fuerza para la sinceridad.

En nuestros días la psicología moderna, nos dice que esa amistad virtuosa se sostiene sobre tres pilares:

Confianza Absoluta: La certeza de que la intención del otro, del amigo es siempre positiva.

Reciprocidad: El equilibrio mutuo en el esfuerzo, la inversión y el apoyo de la amistad.

Sinceridad con Empatía: Decir la verdad buscando el crecimiento del otro.

Pero, ¿cómo pasamos de la compañía a la intimidad?

Pues la clave es la Vulnerabilidad. Altman y Taylor usan la metáfora de la cebolla para explicarlo, en su Teoría de la Penetración Social y dicen: la amistad se profundiza cuando, de forma progresiva, pasamos de compartir la superficie a compartir las capas internas (nuestros miedos, nuestro núcleo).

Un experimento curioso de laboratorio fue el de Arthur Aron y su equipo (publicado en 1997) transformaron la idea de que la intimidad es algo que "simplemente sucede" por azar o tras años de convivencia, demostrando que puede construirse de forma deliberada a través de la vulnerabilidad escalada.

Aron y su equipo querían ver si podían crear una cercanía interpersonal significativa en un entorno de laboratorio en solo 45 minutos. Los participantes eran estudiantes universitarios que no se conocían entre sí. Se dividieron en parejas y se les pidió que pasaran tres sesiones de 15 minutos respondiendo a 36 preguntas, de tres bloques.

Bloque 1: Preguntas rompehielos y ligeras (Ej: "¿Te gustaría ser famoso?").

Bloque 2: Temas más personales y de valores (Ej: "¿Cuál es tu recuerdo más terrible?").

Bloque 3: Intimidad directa y vulnerabilidad compartida (Ej: "Si fueras a morir esta noche, ¿qué es lo que más lamentarías no haberle dicho a alguien?").

Después de terminar las preguntas, las parejas debían realizar una tarea final: mirarse fijamente a los ojos y en silencio, durante 4 minutos ¡VAYA PRUEBA!. Este contacto visual prolongado servía para solidificar la conexión emocional generada por las palabras.

Conclusión, el éxito del experimento no se debió solo a las preguntas, sino al método de "autorrevelación recíproca, ascendente y sostenida". Y esta es la explicación:

Recíproca, porque cuando se comparte algo  más que palabras, se crean vínculos.

Ascendente,  pues la profundidad de los secretos aumenta gradualmente. Si empiezas una relación con un secreto muy oscuro demasiado pronto, la otra persona se siente invadida o asustada.

Sostenida al mantenerse el enfoque en el otro durante todo el proceso.

Un dato curioso del experimento es que aunque el objetivo original de Aron en el experimento no era crear parejas románticas (sino solo estudiar la cercanía social), una de las parejas originales en el laboratorio se casó seis meses después e invitó a todo el equipo de investigación a la boda.

¿Y por qué razón funciona este método según la psicología?

Si lo piensas es bastante lógico porque al compartir información privada, el cerebro interpreta que la otra persona es alguien en quien se puede confiar. Al recibir la vulnerabilidad del otro sin juicio, se activa el sistema de recompensa y se genera un sentimiento de "nosotros" en lugar de "tú y yo".

También tú puedes hacer un pequeño experimento personal e Iniciar el Vínculo: Elige a un amigo/a y practica la vulnerabilidad: es decir, inicia una conversación profunda y significativa esta semana, pero la clave, recuerda,  está en no juzgar, diga lo que diga y piense lo que piense... ¿Te atreves?... A ver qué pasa… ya me contarás.

En nuestras etapas evolutivas vamos elaborando el concepto de amistad.  A través del juego, los niños y niñas van aprendiendo a construir relaciones de amistad, en un inicio de forma más paralela e individualista y después con vínculos más profundos y auténticos, al tiempo que van apareciendo habilidades como la empatía y la conexión emocional.

La amistad es un espacio en el que se da cabida a otras emociones necesarias para el desarrollo del ser humano, como son el enfado, la rivalidad y la competitividad. A través del manejo de estas emociones, los niños y niñas van aprendiendo a resolver conflictos, a manejarse ante situaciones complejas y a desarrollar habilidades sociales, aspectos que son fundamentales para la vida adulta.

En la adolescencia, etapa llena de cambios y crisis, la amistad cobra un papel central. Los amigos y las amigas, el grupo de iguales, son el refugio al que acudir y en el que apoyarse en un momento en el que la relación con la familia está en pleno cambio. Los jóvenes buscan su identidad y la definición de uno/a mismo/a se vuelve tarea central en el desarrollo del psiquismo y es ahí donde la amistad es transcendental para ellos y ellas.

La amistad en ese tiempo surge por proximidad (colegio, universidad), algo que se puede asociar al mero efecto de exposición repetida. Sin embargo en la vida adulta, este factor desaparece   aunque los amigos siguen siendo fundamentales. Mantener una amistad requiere intención consciente y adaptación a los cambios de vida y conforme cumplimos años ya empezamos a tener pareja, hijos, otros trabajos o lugares de residencia…  ampliándose así las áreas en las que los individuos establecemos otras relaciones de amistad. Sin embargo, durante la adultez, se suele disponer de menos tiempo, por lo que a veces puede resultar complicado iniciar nuevos vínculos de amistad o incluso mantener aquellos con los que ya se contaba anteriormente.

Ya en la vejez y en las últimas etapas de la vida, la amistad recobra otra vez una importancia fundamental. Este es un momento de grandes pérdidas, tanto de capacidades físicas como personales, lo cual puede llevar a situaciones de soledad y aislamiento. La amistad surge entonces como un antídoto frente a ellas, protegiendo a las personas y brindándoles apoyo, comprensión y acompañamiento.

Otro hecho relevante es que siempre debemos validar la pérdida de una amistad, pues es un duelo real. La amistad de la virtud nos enseña que el vínculo tiene un valor incalculable y que es legítimo sentir su vacío. Nuestro cerebro no distingue entre un "corazón roto" o una amistad pérdida y una herida física. El dolor es real porque utiliza la misma infraestructura neuronal. Además, como ya dijimos antes, el cerebro social está diseñado para sobrevivir y perder una amistad es, para nuestras neuronas como perder un seguro de vida.

Como sabrás, un grave problema actual de esta sociedad altamente tecnificada y narcisista en la que estamos instalados, es el de la soledad. Desde una perspectiva psicosocial, la soledad se interpreta como un fenómeno influido tanto por factores individuales como estructurales:

Los factores individuales pueden ser: la personalidad, habilidades sociales limitadas o trastornos como la ansiedad social.

Y los Factores estructurales abarcan: la desintegración de las comunidades tradicionales, el urbanismo despersonalizado y la cultura de la autosuficiencia.

Además, los efectos psicosociales de la soledad, cuando se prolonga en el tiempo con situaciones de aislamiento emocional o social significativo, pueden ser varios:

1.            Aumento de la ansiedad y la depresión al experimentar un gran miedo al rechazo o a la crítica, hecho que dificulta tener relaciones con normalidad o  la generación de pensamientos negativos recurrentes, como sentirse insuficiente o no deseado, lo que también hace perder la motivación para buscar conexiones sociales.

2.            Impacto en la autoestima cuestionándose el no ser “lo suficientemente bueno” para conectar con los demás. Expresándose  a través de una autocrítica exagerada  como si no se encajara en ningún lugar.

3.            Dificultades en la regulación emocional. La soledad también afecta la capacidad de una persona para gestionar sus emociones. Las conexiones sociales actúan como un amortiguador natural frente al estrés y los desafíos de la vida, pero sin ese apoyo, las emociones pueden desbordarse con más facilidad.

Más allá de los efectos psicológicos  de la soledad también está generando  desconfianza hacia los demás  el individualismo en el que vivimos.  En la actualidad el ser humano de los países modernos está muy hiperconectado, pero sin vínculos y tiene un estilo de vida demasiado acelerado. Nos hemos convertido en átomos aislados con vínculos distantes, blandos y tenues. Por ello, se abandonan rápidamente parejas, amigos, trabajos, lugares, grupos y lo hacemos muchas veces desapareciendo, sin despedirnos, a veces sólo con un simple mensaje de WhatsApp.

La dependencia de la tecnología puede llevar a una desconexión física de las personas que nos rodean. Por ejemplo, es común ver a grupos de personas reunidas físicamente, pero cada una enfocada en su propio dispositivo móvil, lo que impide la conexión interpersonal genuina.

Todo ello, nos constituye en sujetos conectados, pero con vínculos endebles, desapegados de otros seres y cosas. Esto conlleva el aumento de los citados males: individualismo, egoísmo y narcisismo, que son factores significativos que contribuyen a la sensación de soledad en la sociedad actual.

Podemos decir en este punto que la mejor píldora vital contra la soledad y el individualismo, sin que nos equivoquemos en el pronóstico, es la amistad, la cercanía y el cariño de los nuestros. Necesitamos que la interacción digital sea el prólogo, y no el sustituto, de un abrazo o de una conversación cara a cara.

Por otro lado, existe la cara oscura de la amistad, las llamadas “red flags o banderas rojas”, una forma moderna de definir un mecanismo de supervivencia ancestral. En el contexto ya citado de nuestro cerebro social, las red flags no son solo intuiciones, sino el resultado de un sistema de "detección de amenazas sociales", altamente sofisticado o de señales de alerta que indican comportamientos, actitudes o patrones no saludables, tóxicos o potencialmente peligrosos en una relación.

La amistad es un jardín que requiere cuidado consciente y merece vínculos que nos eleven.  Si constantemente nos restan, debemos de reconocer las señales de alarma, y esas son las famosas banderas rojas.

Te invito a que observes a tus amistades o conocidos y a detectar si en esas relaciones hay banderas rojas, si solo hay competencia constante o drenaje emocional (p.e. solo te llaman cuando necesitan ayuda) o incluso si existe crítica destructiva encubierta)… y estarás conmigo que eso ya no es amistad o relación pura, eso es otra cosa.

También te propongo que realices la llamada auditoría de círculo, es decir:

Evalúa a tus amigos cercanos con la pregunta: ¿Cómo me siento física y emocionalmente después de pasar tiempo con ellos?

Puedes hacer un simple análisis: si los costes de la relación (estrés, energía) superan consistentemente las recompensas (apoyo, alegría), tienes una balanza bastante descompensada y quizás tu mente busqué una alternativa (incluso la soledad) porque es un mejor negocio emocional. De ahí aquello de: “más vale solo que mal acompañado"

Otro indicador, en esa auditoría del círculo, es el físico: "Tu cuerpo es el termómetro más honesto. Y si al volver a casa te sientes agotado y con tensión después de estar con sus supuestos amigos/as, tu sistema nervioso te está enviando una señal de estrés crónico en esa relación."

La herramienta esencial para no tener costes emocionales y malos rollos es poner límites asertivos: "Para protegerte, necesitas expresarte con asertividad: esa gran habilidad de expresar tus necesidades, sin culpa; de defender tus derechos y los de los demás, con razones; de saber decir no cuando sea necesario…”.

Para ser asertivo existen diferentes técnicas, una de ellas puede ser usar la fórmula del 'Yo': 'Yo me siento [sentimiento] cuando [comportamiento], y necesito que [solución/límite]'."

P.e: Yo me siento muy triste o decepcionado cuando hablas en mi nombre y necesito que me respetes y me dejes decidir por mí mismo/a…  Si te expresas de esta manera el coste emocional será mínimo porque ya expresas lo que sientes y lo que necesitas de la otra persona, sin ambages ni rodeos.

En resumen, como diría el gran sabio, Platón: No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad.

Y yo añadiría: Dedica tiempo a quiénes son tus amigos/as; acuérdate de esas fechas simbólicas e importantes para ti y para ellos/as; préstales ayuda cuando la requieran sin medir compensaciones; invierte en honestidad; utiliza el humor… y sobre todo cuida de esas personas que quieres y te quieren, esos tesoros existenciales que te dan vida, porque te harán mejor persona y son un seguro de vida para evitar los efectos de la soledad y alcanzar una mayor plenitud y felicidad

jueves, 27 de noviembre de 2025

LOS VALORES

  

     Los filósofos estudian los valores desde la axiología, no en vano la palabra proviene del griego: axios "valor" y logos "estudio". Se preguntan qué son los valores en sí mismos, si existen de forma objetiva o si son una construcción humana. A diferencia de la psicología, que se centra en cómo los valores afectan a la conducta de los individuos.

     Para los filósofos objetivistas, los valores existen de forma independiente a los seres humanos. Son absolutos y universales. Platón, por ejemplo, creía que la Justicia, la Belleza y la Verdad eran ideas perfectas y eternas que existían en un mundo ideal, y que las acciones humanas solo podían ser un reflejo imperfecto de ellas.

     Por el contrario para los subjetivistas los valores dependen de las preferencias individuales ("lo bueno es lo que a mí me gusta"), mientras que el relativismo afirma que dependen de la cultura o la sociedad ("lo bueno es lo que nuestra sociedad considera bueno"). Esta visión argumenta que los valores no existen por sí mismos, sino que son creados por el ser humano.

    Aristóteles no se centró en valores abstractos, sino en el carácter. Para él, la clave de una buena vida no era seguir reglas, sino cultivar virtudes como la Templanza, la Justicia y el Coraje. Actuar virtuosamente no solo lleva a la felicidad, sino que también nos convierte en la mejor versión de nosotros mismos.

    Immanuel Kant creía en valores universales basados en la razón y el deber. Para él, una acción solo es moralmente correcta si se puede aplicar como una ley universal para todos los seres humanos, sin excepciones. Por ejemplo, el valor de la honestidad no depende de la situación, sino que es un deber racional para todos.

    Nietzsche proclamó la "muerte de Dios" y argumentó que, sin un marco divino, los valores tradicionales han perdido su fundamento. El nihilismo es la creencia de que la vida no tiene un propósito objetivo y que los valores no tienen sentido. Sin embargo, Nietzsche no se detuvo ahí; llamó a la humanidad a crear sus propios valores, a través de la figura del superhombre, que no se conforma con los valores heredados sino que los redefine con su propia voluntad.

    En resumen, mientras la filosofía debate el "qué" y el "dónde" de su existencia, la psicología explora el "cómo" y el "por qué" de los valores en nuestras vidas.

    Viktor Frankl  es uno de los autores más importantes y directos en el tema de los valores. Frankl, psiquiatra y neurólogo, sobrevivió a varios campos de concentración nazis.   Para Frankl, la búsqueda del sentido de la vida es la principal fuerza motivacional del ser humano. Este sentido se encuentra a través de la vivencia de los valores. Destacaba los valores de creación como la realización de una obra o un trabajo; valores de experiencia como experimentar algo valioso, como el amor, la belleza de la naturaleza o la apreciación del arte; valores de actitud como frente a un sufrimiento inevitable o una situación inmutable.

    Por cierto, os recomiendo, si no lo habéis leído todavía el libro de Viktor Frankl: “El hombre en busca de sentido”

    Otro autor destacado humanista es Carl Rogers, que habla de la autorrealización como la tendencia innata del ser humano a desarrollarse y alcanzar su máximo potencial. Para él, un individuo sano y plenamente funcional vive en congruencia con sus propios sentimientos y valores, en lugar de vivir para complacer a otros o seguir un "guion" impuesto por la sociedad.

    El concepto de la "persona plenamente funcional" de Rogers implica que la persona es capaz de elegir libremente sus propios valores y actuar en consecuencia, lo que lleva a una vida más auténtica y satisfactoria.

    Lawrence Kohlberg se enfoca en el razonamiento moral, los valores están en el corazón de su teoría. Propuso que las personas progresan a través de una serie de seis etapas en su capacidad para razonar sobre lo que es moralmente correcto. En las etapas más avanzadas el individuo se guía por principios éticos universales que se asemejan mucho a los valores (por ejemplo, la justicia o la dignidad humana), en lugar de seguir solo las reglas de la sociedad.

   Schwartz es uno de los investigadores más influyentes y contemporáneos en el estudio de los valores a nivel global. Desarrolló una teoría de los valores humanos básicos que identifica 10 tipos de valores motivacionales universalmente reconocidos:

  • Conservación: Tradición, Conformidad, Seguridad.
  • Autotranscendencia: Benevolencia, Universalismo.
  • Apertura al cambio: Autodirección, Estimulación.
  • Auto-realzamiento: Hedonismo, Logro, Poder.

    En el marco de la Psicología Positiva, un estudio muy interesante es el modelo propuesto por Seligman y Peterson (conocido como la clasificación VIA de las Fortalezas de Carácter y Virtudes), estableciendo una distinción clara y funcional: 24 fortalezas de carácter, que son valores abstractos que definen formas de actuar. En la cima del modelo se encuentran seis grandes virtudes universales, que son esencialmente valores amplios y abstractos que la humanidad siempre ha apreciado: Sabiduría y Conocimiento; Coraje; Humanidad; Justicia; Templanza y Trascendencia.

    Si tienes problemas para nombrar tus valores, mira tus fortalezas. Pregúntate: ¿Cuáles son mis mayores fortalezas (creatividad, persistencia, amabilidad)?. Detrás de cada una de ellas hay un valor más grande. Si tu mayor fortaleza es la Persistencia, es muy probable que tu valor central sea el Compromiso o el Logro.

    Otro autor muy recomendable es Steven Hayes, de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), es una de las terapias de tercera generación y es la que más énfasis pone en los valores. En ACT, los valores nos indican un camino como el de la estrella polar; no son metas a alcanzar, sino direcciones de vida, elegidas libremente. Con los valores definimos cómo queremos el mundo futuro y la forma ideal de cómo nos gustaría vernos en él.

    Los valores dan lugar a comportamientos que podemos seguir en cualquier momento y en cualquier circunstancia, pues son cualidades de las acciones que realizamos. No son sentimientos ni cosas ni  objetivos. Un valor lo ponemos en marcha cuando actuamos: es la propia actuación, mientras que el objetivo lo obtenemos como consecuencia de lo que hemos hecho. Un ejemplo clarificador: casarse sería un objetivo y amar sería un valor.

    Los valores nos guían pero no nos aseguran que nuestras decisiones sean siempre infalibles. La dirección en la que queremos avanzar en la vida es una elección personal, nuestra, y debería tener el menor número de influencias externas posibles. Pero estamos muy presionados por muchos factores: sociedad, edad, trabajo, familia, entorno…etc. Es conveniente descubrir lo que realmente nos importa, teniendo en cuenta todas esas influencias, pero haciéndolo de la forma más libre posible.

    Nuestros valores los establecemos nosotros, existen en nuestra mente y los construimos con nuestro pensamiento. Toda elección supone un salto al vacío. Incluso nuestros miedos pueden ayudarnos a descubrir nuestros valores y si no véase la fábula de la zorra y las uvas, que dice así:

    Había una vez una zorra que estaba muy hambrienta. Conocía una viña en la que había unas uvas fabulosas, pero una amiga, otra zorra, le había contado que la vigilaba un terrible mastín… Se acercó a la viña y vio a lo lejos un magnífico racimo. Se quedó mirándolo durante un buen rato, pero la figura del mastín le venía con fuerza a la mente. Finalmente se dio la vuelta y se dijo a sí misma: “no me gustan, no están maduras”. No llegó a comprobar que su amiga le había hablado del mastín para que no fuera y poder comerse ella todas las que quisiera.

    Moraleja: los miedos y dificultades para obtener lo que queremos nos pueden inducir a engaño haciéndonos creer que en realidad no queremos lo que estamos deseando.

    La terapia ayuda a los individuos a clarificar qué es lo más importante para ellos (sus valores) y luego a tomar acciones comprometidas en esa dirección, incluso cuando experimentan pensamientos o sentimientos difíciles.

    Con este ejemplo que hacemos en la terapia lo verás mejor: Se llama inventario de valores y abarca las siguientes áreas:

1.- Matrimonio, pareja o relaciones íntimas: aquí nos planteamos cómo queremos que sean nuestras relaciones.

2.- Relaciones familiares y con nuestros hijos: aquí tendríamos que describir cómo nos gustarían que fueran las relaciones con esas personas tan claves en nuestra vida.

3.- Tiempo libre y descanso: incluye hobbies, deportes,… actividades en las que nos involucramos o nos gustaría hacerlo.

4.- Amistad y relaciones sociales: debemos plantearnos cómo concebimos ser un buen amigo/a y cómo nos gustaría tratar y que nos tratasen.

5.- Trabajo y carrera profesional: nos planteamos qué tipo de trabajo nos gustaría hacer en un mundo ideal y qué clase de trabajador/A, o qué relaciones tendría con mis jefes.

6.- Educación: que aunque relacionada con el área anterior, a veces hay que separarlas si nuestros interés abarcan otras áreas del conocimiento y del saber, que no tienen que ver solo con conseguir un empleo.

7.- Crecimiento y desarrollo personal: qué tipo de persona nos gustaría llegar a ser y qué cambios podríamos ir haciendo.

8.- Espiritualidad: no solo en relación con lo religioso sino en un sentido más amplio y universal.

9.- Ciudadanía, política e inquietudes sociales: que tienen que ver con la ecología, voluntariado, sindicatos, partidos o cambios sociales que desearíamos.

10.- Salud, bienestar físico y mental: incluimos los ideales que tenemos cerca del comportamiento saludable, por ejemplo en relación a la comida, a fumar, al estrés o a la salud mental.

    Después de definir los valores, tenemos que definir los objetivos que nos planteemos en cada área anterior y preguntarnos ¿para qué quiero alcanzar ese objetivo? o ¿qué haré cuando lo alcance?... P.e. mi objetivo es ganar dinero para comprarme un coche y cuando lo tenga viajaría para conocer gente nueva. Y esto último sería ya un valor relacionado con la amistad y las relaciones sociales.

    Algunas claves a tener en cuenta en relación con el ejercicio anterior: tenemos que imaginarnos que vivimos en un mundo mágico en lo que todo es posible. Además debemos establecer prioridad a los valores más importantes, estableciendo una jerarquía. Y también definiremos las metas y objetivos a corto, medio y largo plazo.

    Las áreas más importantes son nuestro motor para el cambio necesario de nuestra vida. Las metas son los destinos en tu mapa, mientras que los valores son la brújula que te orienta. Las metas se cumplen o no se cumplen, pero los valores son una dirección que siempre puedes seguir, sin importar las circunstancias.

    Tenemos que pensar que detrás de un sufrimiento psicológico, seguramente hay un valor que no seguimos, y detrás de un valor hay un sufrimiento que hemos de aceptar.

   En la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), el trabajo con los valores es fundamental para ayudar a los pacientes a encontrar una dirección significativa en su vida. A diferencia de otras terapias que se centran en eliminar el sufrimiento, ACT se enfoca en aceptar las experiencias internas difíciles para poder avanzar hacia lo que realmente importa. Una vez que los valores están claros, el terapeuta y el paciente trabajan en el compromiso de llevar a cabo acciones que estén alineadas con esos valores. Esto implica establecer metas pequeñas, concretas y alcanzables que sirvan como pasos en la dirección de vida elegida.

 Si el paciente valora la "conexión familiar", la acción comprometida podría ser "llamar a un miembro de la familia una vez a la semana".

 Si el paciente valora la "salud", una acción podría ser "caminar 15 minutos al día".

  Este proceso se realiza con aceptación: el paciente aprende a no dejar que los pensamientos o sentimientos difíciles (como el miedo o la ansiedad) le impidan actuar en la dirección de sus valores. 

  Los valores en las sociedades no desaparecen, sino que evolucionan y cambian con el tiempo, influenciados por factores como la tecnología, la economía, los movimientos sociales y los cambios en las creencias. No hay una "pérdida de valores" sino más bien una reorganización de prioridades sociales.

    Desde la infancia, aprendemos qué es importante a través de la observación. Nuestros padres, maestros y figuras públicas actúan como modelos. Si vemos que una persona a la que admiramos valora la honestidad y la integridad, es probable que internalicemos esos valores como propios. Cuando un modelo de referencia actúa de acuerdo con ciertos valores, los valida y los hace deseables. Por ejemplo, un líder social que defiende la justicia y la igualdad inspira a otros a adoptar esos mismos principios. No solo admiramos su éxito, sino los valores que lo hicieron posible.

    Los referentes también nos ayudan a corregir nuestro rumbo. Un modelo puede mostrarnos que un valor que teníamos no es tan importante, o que otro que habíamos ignorado es clave para el bienestar. Si una persona que admiramos prioriza el equilibrio y la familia sobre el trabajo, podemos reconsiderar nuestras propias prioridades.

    El epitafio es, en esencia, la declaración de valores más concisa que una persona puede dejar. En lugar de ser una lista de logros, a menudo resume la esencia de la persona y lo que consideró más importante en su vida. Sirve como la última oportunidad para comunicar a los demás qué principios o virtudes definieron su existencia.

    En una frase o dos, un epitafio puede condensar el legado y el mensaje final de una persona. Refleja lo que la persona (o sus seres queridos) consideran que fue su contribución más significativa o la cualidad que más valoró.

    Un epitafio rara vez dice: "Aquí yace el hombre que ganó un premio Nobel" o "La mujer que construyó una empresa de millones". En cambio, suelen centrarse en los valores que guiaron esos logros, como "Un hombre de servicio y honor" o "Su vida fue un regalo de amor". Esto demuestra que lo que perdura no son las metas alcanzadas, sino los valores con los que se vivieron.

    Finalmente indicar que también se puede educar en valores. Consiste en un proceso intencional y sistemático para ayudar a las personas a comprender, reflexionar y desarrollar principios éticos y morales que guíen su vida y sus decisiones. No se trata solo de memorizar un conjunto de reglas, sino de cultivar la capacidad de juzgar, sentir y actuar de acuerdo con valores como la honestidad, la justicia, la tolerancia y el respeto. Los objetivos clave de la educación en valores son: desarrollo de la autonomía moral; fomento de la empatía y preparación para la vida en sociedad.

    La educación en valores busca formar ciudadanos responsables y comprometidos que contribuyan activamente al bienestar de su comunidad. Se enseña la importancia del diálogo, el respeto a las diferencias y la resolución pacífica de conflictos. Y se implementa a través del currículo escolar, con los modelos ya citados o con la participación activa.

    En resumen, la educación en valores es un pilar fundamental en la formación integral de una persona. Y si tuviéramos que hacer la lista de los 10 valores humanos más importantes, sería esta:

Bondad, sinceridad, empatía, amor, paciencia, gratitud, perdón, humildad, responsabilidad y solidaridad.



sábado, 28 de junio de 2025

INTELIGENCIA

La inteligencia es un concepto multifacético que, en términos generales, se refiere a la capacidad que tenemos los humanos para adquirir y aplicar conocimientos y habilidades, siendo clave en la interacción humana con la realidad.

Las capacidades fundamentales de los seres inteligentes son:
  • Razonamiento: La habilidad para pensar de manera lógica, resolver problemas y tomar decisiones. Esto incluye el razonamiento deductivo (de lo general a lo particular) e inductivo (de lo particular a lo general).
  • Aprendizaje: La capacidad de adquirir nueva información, comprenderla y recordarla. Esto abarca desde el aprendizaje simple por repetición hasta el aprendizaje complejo a través de la experiencia y la observación.
  • Resolución de problemas: La aptitud para identificar un problema, analizar sus componentes, desarrollar estrategias y ejecutar soluciones.
  • Adaptación: La habilidad para ajustarse a nuevas situaciones, entornos o desafíos, modificando el comportamiento o el pensamiento según sea necesario.
  • Creatividad: La capacidad de generar ideas originales, innovadoras y útiles, pensando de manera divergente y explorando nuevas posibilidades.
  • Memoria: La facultad de almacenar, retener y recuperar información y experiencias pasadas.
  • Lenguaje: La habilidad para comprender, producir y usar el lenguaje, ya sea hablado, escrito o gestual, para comunicarse y expresar ideas.
Es fundamental destacar que la inteligencia no es una cualidad única y monolítica.
Diversas teorías han considerado la existencia de múltiples tipos de inteligencia, siendo los autores más sobresalientes, los siguientes:

1. Alfred Binet fue pionero de la medición de la Inteligencia y junto a su colega Simon desarrolló la primera escala métrica de inteligencia, a principios del siglo XX. Su objetivo no era medir una inteligencia innata, sino identificar a los niños que necesitaban apoyo educativo adicional. Su mayor aportación fue la creación del concepto de edad mental, que comparaba el rendimiento de un niño con el rendimiento promedio de niños de diferentes edades.

2. Charles Spearman propuso la teoría bifactorial de la inteligencia. La existencia de un factor o inteligencia general, que representaba una capacidad mental general subyacente a todas las actividades intelectuales. Además, reconoció la existencia de factores o habilidades específicas para tareas concretas, como la habilidad verbal o la habilidad numérica.

3. Louis Thurstone se opuso a la idea de Spearman y propuso la existencia de siete aptitudes mentales primarias, relativamente independientes entre sí: la comprensión verbal, fluidez verbal, aptitud numérica, aptitud espacial, memoria asociativa, velocidad perceptual y el razonamiento.

4. Raymond Cattell, a mediados del siglo XX habló de la inteligencia fluida y la cristalizada, que pueden cambiar a lo largo de la vida. Inteligencia Fluida, se refiere a la capacidad de razonar y resolver problemas nuevos, abstractos y complejos, independientemente del conocimiento adquirido. Está más relacionada con las habilidades innatas y la neurofisiología, y tiende a disminuir con la edad. Inteligencia Cristalizada, representa el conocimiento adquirido, la experiencia, el vocabulario y las habilidades culturales. Aumenta con la edad y la experiencia.

5. Jean Piaget se centró en el desarrollo de la inteligencia a lo largo de la infancia, viéndola como un proceso de adaptación activa al ambiente. Propuso que los niños construyen su comprensión del mundo a través de etapas cualitativamente diferentes, a través de la interacción con el entorno sensoriomotriz (de 0 a 2 años): aprendemos a través de los sentidos y la acción. Preoperacional (de 2 a7 años), desarrollamos el lenguaje y el pensamiento simbólico. Operaciones Concretas (de 7 a 11 años), pensamiento lógico sobre eventos concretos. Operaciones Formales (a partir de 11 años), capacidad para el pensamiento abstracto y el razonamiento hipotético-deductivo.

6. Howard Gardner, autor todavía vivo, bautizó una de la teorías más importantes sobre la inteligencia: La Teoría de las Inteligencias Múltiples propuso que la inteligencia no es una capacidad unitaria, sino un conjunto de inteligencias múltiples e independientes. Inicialmente identificó ocho tipos de inteligencia, y ha sugerido una posible novena:

  • Lingüística: Habilidad con las palabras y el lenguaje.
  • Lógico-Matemática: Habilidad para el razonamiento y la resolución de problemas numéricos.
  • Espacial: Habilidad para percibir y manipular objetos en el espacio.
  • Musical: Habilidad para la música, el ritmo y la melodía.
  • Corporal-Kinestésica: Habilidad para el control del propio cuerpo y la manipulación de
  • objetos.
  • Intrapersonal: Autoconocimiento y comprensión de las propias emociones.
  • Interpersonal: Habilidad para entender y relacionarse con los demás (empatía).
  • Naturalista: Habilidad para reconocer y clasificar elementos del mundo natural.
  • Existencial: Capacidad para reflexionar sobre las grandes preguntas de la vida y el significado…¿de dónde venimos, quiénes, somos, adónde vamos?
Gardner ha desafiado la concepción tradicional de la inteligencia medida por el CI, promoviendo una visión más amplia y equitativa de las capacidades humanas, con gran impacto en la educación. No es cuán inteligente eres, sino cómo eres inteligente.

7. Robert Sternberg, también vivo en la actualidad, propone una teoría triárquica de la inteligencia exitosa, que se define como la capacidad de alcanzar los propios objetivos significativos en la vida, adaptándose, dando forma y seleccionando los entornos:
  • Inteligencia analítica o la inteligencia académica tradicional.
  • Inteligencia creativa, la capacidad de generar ideas nuevas y originales, así como de manejar la novedad y automatizar procesos.
  • Inteligencia práctica o lo que a menudo llamamos inteligencia callejera.
8. Daniel Goleman, autor ya citado en el podcast de las emociones, propone otra teoría muy moderna: La Inteligencia Emocional, aunque el término original no fue suyo, fue acuñado por Salovey y Mayer.
La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las propias emociones, así como de percibir, comprender e influir en las emociones de los demás. Se desglosa en cinco componentes principales: 
  • Autoconocimiento emocional: Reconocer las propias emociones.
  • Autorregulación emocional: Gestionar las propias emociones.
  • Motivación: Dirigir las emociones hacia el logro de metas.
  • Empatía: Comprender las emociones de los demás.
  • Habilidades sociales: Manejar las relaciones con los demás de manera efectiva.
Goleman, puso de manifiesto la importancia de las habilidades emocionales y sociales para el éxito en la vida, más allá de la inteligencia cognitiva tradicional.
En relación con la medición de la inteligencia, se han utilizado habitualmente pruebas de Coeficiente Intelectual (CI). Sin embargo, estas pruebas se centran principalmente en las habilidades lógico-matemáticas y lingüísticas, y no reflejan la totalidad de las capacidades intelectuales de una persona.
La visión moderna de la inteligencia reconoce la importancia de una gama más amplia de habilidades y contextos. Y parece que el cociente intelectual no es suficiente para alcanzar un éxito significativo, pues más bien depende de otros factores como las habilidades para encontrar soluciones prácticas a los problemas del día a día, la creatividad o la capacidad de gestionar las emociones propias y ajenas. En definitiva, los logros extraordinarios obedecen menos al talento que a la oportunidad.

Ya decía el premio Nobel Albert Einstein: la verdadera señal de inteligencia no es el conocimiento, sino la imaginación. 
O el gran Stephen Hawking, que: la inteligencia es la habilidad de adaptarse al cambio.


¿La inteligencia se hereda o se debe a los factores ambientales?
Esta es la famosa polémica herencia-ambiente, también conocida como el debate nature vs. nurture, en inglés) es una de las discusiones más antiguas y fundamentales en psicología, especialmente en el estudio de la inteligencia. Se centra en la pregunta de cuánto de nuestra inteligencia está determinada por nuestros genes (herencia) y cuánto por nuestro entorno y experiencias (ambiente).
Los defensores de la postura genética argumentan que la inteligencia es principalmente una capacidad innata, predeterminada por la genética que heredamos de nuestros padres. Se basan en la idea de que nacemos con un cierto potencial intelectual que está codificado en nuestro ADN.
Y si esto fuera así, entonces los gemelos idénticos (que comparten el 100% de sus genes) tendrían CI muy similares, incluso creciendo en entornos diferentes.
Por otro lado, quienes enfatizan el papel del ambiente sostienen que la inteligencia se moldea y desarrolla principalmente a través de la experiencia, la educación, la nutrición, el entorno familiar, las interacciones sociales y las oportunidades de aprendizaje. Si la inteligencia fuera puramente ambiental, entonces un entorno enriquecido y estimulante conduciría a un mayor desarrollo intelectual, independientemente de la predisposición genética.
 
Hoy en día, la mayoría de los científicos y psicólogos están de acuerdo en que la polémica no es una cuestión de o esto o aquello  (herencia o ambiente), sino de esto y aquello  (herencia y ambiente).

La inteligencia es el resultado de una interacción compleja y dinámica entre factores genéticos y ambientales.
Los genes no actúan de forma aislada, y el ambiente no influye en una tabula rasa. Los genes pueden influir en cómo las personas responden a su entorno, y el entorno puede activar o desactivar ciertos genes. Por ejemplo, un niño con una predisposición genética a una mayor inteligencia podría buscar activamente entornos más estimulantes (como leer más, participar en debates, etc.), lo que
a su vez potenciaría su desarrollo intelectual.
La heredabilidad de la inteligencia o ese porcentaje de la variación de la inteligencia en una población que se atribuye a diferencias genéticas, se estima entre el 40% y el 80%, dependiendo de la edad y la población. Sin embargo, es crucial entender que: una heredabilidad del 60% no significa que el 60% de la inteligencia de una persona sea genética y el 40% ambiental. Significa que el 60% de las diferencias en la inteligencia entre las personas en una población pueden explicarse por diferencias genéticas.
La influencia genética tiende a aumentar con la edad. En la primera infancia, el ambiente compartido (familia, escuela) tiene una influencia más significativa, mientras que en la adultez, la influencia genética se hace más pronunciada, posiblemente porque los individuos buscan y crean entornos que se alinean con sus predisposiciones genéticas.
En entornos muy empobrecidos o poco estimulantes, la influencia genética puede ser menor, ya que las oportunidades ambientales limitan el pleno desarrollo del potencial genético.
Incluso si hay una base genética, el ambiente juega un papel vital en cómo se expresa ese potencial.

Veamos algunos factores ambientales influyentes en la inteligencia humana:

1. Nutrición: Una nutrición adecuada en las primeras etapas de la vida es clave para el desarrollo cerebral.
2. Estimulación temprana: Acceso a juguetes, libros, conversaciones, y experiencias que promuevan la curiosidad y el aprendizaje.
3. Educación: La calidad de la escuela, la interacción con maestros y compañeros, y el acceso a recursos educativos.
4. Entorno familiar: Un ambiente familiar que fomente el aprendizaje, la exploración y el apoyo emocional.
5. Salud: Diversas enfermedades, exposiciones a toxinas o traumas, pueden afectar el desarrollo cognitivo.

Y todo esto se explica con el llamado Efecto Flynn, es decir, que el aumento sostenido en las puntuaciones de CI observadas en muchas partes del mundo a lo largo del siglo XX es un claro ejemplo del impacto ambiental, ya que los cambios genéticos a esta escala son demasiado lentos para explicarlo.

Para desentrañar la interacción herencia-ambiente, los investigadores utilizan principalmente:
Estudios con gemelos, comparando la similitud intelectual entre gemelos idénticos (misma genética) y estudios con mellizos (50% de genes compartidos), criados juntos o por separado.
Estudios de adopción, comparan la inteligencia de niños adoptados con la de sus padres biológicos (genes compartidos) y sus padres adoptivos (ambiente compartido).

Todo lo anterior del ser humano, pero y los animales, ¿son inteligentes? 

La inteligencia animal es un campo fascinante y en constante expansión dentro de la psicología comparada y la etología. Durante mucho tiempo se subestimaron las capacidades cognitivas de los animales, pero la investigación reciente ha revelado una diversidad asombrosa de habilidades.

Las distintas especies que habitan nuestro planeta disponen de dos mecanismos complementarios para resolver la adaptación a su entorno: uno es la programación genética, que les permite desencadenar pautas de conducta complejas, con un alto valor de supervivencia y el otro mecanismo es el aprendizaje, que les permite modificar la conducta ante los cambios ambientales.

Los estudios con animales arrojan estas conclusiones:

  • Chimpancés utilizan palos para pescar; termitas y piedras para romper nueces.
  • Cuervos, son famosos por fabricar y usar herramientas complejas
  • Pulpos, usan cáscaras de coco como refugio móvil o piedras para bloquear entradas.
  • Chimpancés pueden resolver problemas de forma repentina, como apilar cajas para alcanzar un plátano.
  • Loros, pueden aprender conceptos abstractos como forma, color y número.
  • Delfines y Ballenas: Utilizan sistemas de comunicación complejos (clics, silbidos) y muestran capacidad de imitación.
  • Las gallinas tienen más de 30 vocalizaciones distintas; y algunas especies pueden repetir palabras y sonidos humanos.
  • Abejas: Realizan la danza del meneo para comunicar la ubicación de fuentes de alimento.
  • Elefantes: Famosos por su gran memoria (recuerdan rutas de migración y fuentes de agua a largo plazo, y pueden reconocer individuos después de mucho tiempo).
  • Ardillas, recuerdan la ubicación de miles de escondites de comida durante meses.
  • Y qué decir de los perros, los mejores amigos del hombre, son excepcionalmente buenos en aprender de los humanos y reconocer sus emociones. 
 
Otro campo muy actual  es el de la Inteligencia Artificial (IA), que busca crear sistemas y máquinas capaces de realizar tareas que, hasta hace poco, requerían de la inteligencia humana. Esto incluye aprender, razonar, resolver problemas, percibir, comprender el lenguaje y, en algunos casos, manipular objetos.

Fue en 1956 cuando John McCarthy en un congreso de informática propuso el término IA. Los sucesivos desarrollos, hasta nuestros días, han conectado el término con la psicología cognitiva, la lingüística, y la neurofisiología, creando la llamada ciencia cognitiva, que considera la mente como un sistema simbólico. El ser humano y el ordenador, aunque diferentes, comparten la capacidad de procesar y manipular símbolos abstractos.

La IA no es una sola tecnología, sino un paraguas que abarca diversas técnicas, siendo las más conocidas el aprendizaje automático (Machine Learning) y el aprendizaje profundo (Deep Learning), que permiten a los sistemas aprender de grandes volúmenes de datos sin ser programados explícitamente para cada tarea.
Algunos hitos a recordar son: 1950 Alan Turing publica su obra cumbre “Computing Machinery and Inteligence”; en 1997, la máquina Deep Blue, de IBM, vence al gran Kasparov en una partida de ajedrez y en 2000 se comienza la venta de las primeras mascotas robots… hasta hoy con Chap Gpt y otras aplicaciones de IA, en constante desarrollo.

Pero, ¿cuáles son las ventajas y los peligros de la IA?

Algunas de las virtudes de la inteligencia artificial pueden ser:
  • Automatización de tareas repetitivas y tediosas: La IA es excelente para realizar trabajos monótonos y de alto volumen con gran precisión. Esto libera a los humanos para tareas más creativas, estratégicas y que requieren empatía o juicio complejo. P.e.: Fabricación, procesamiento de datos, atención al cliente (chatbots).
  • Reducción del error humano: Al eliminar la fatiga, el aburrimiento y las limitaciones cognitivas humanas, los sistemas de IA pueden operar con un nivel de precisión mucho mayor en determinadas tareas. P.e.: Diagnóstico médico por imagen, control de calidad en líneas de producción, cálculos financieros.
  • Análisis de grandes volúmenes de datos (Big Data): La IA puede procesar y analizar cantidades masivas de información a una velocidad inalcanzable para los humanos, identificando patrones, tendencias y correlaciones que de otra manera pasarían desapercibidas. P.e.: Predicción de mercados, detección de fraudes, personalización de recomendaciones (Netflix, Amazon).
  • Toma de decisiones más rápida e informada: Al procesar datos en tiempo real y aplicar algoritmos complejos, la IA puede ofrecer recomendaciones que agilizan la toma de decisiones, mejorando la eficiencia y la efectividad. P.e.: Rutas de entrega optimizadas, gestión de inventario, detección de amenazas de ciberseguridad.
  • Disponibilidad 24/7: A diferencia de los humanos, los sistemas de IA pueden trabajar sin descanso, lo que es crucial en servicios que requieren atención continua. P.e.: Atención al cliente automatizada, monitoreo de sistemas críticos.
  • Personalización y experiencia del usuario mejorada: La IA puede adaptar productos, servicios y contenidos a las preferencias individuales de los usuarios, creando experiencias más relevantes y satisfactorias. P.e.: Listas de reproducción personalizadas, publicidad dirigida, asistentes virtuales.
  • Avances en la salud y la investigación: La IA está revolucionando la medicina, desde el descubrimiento de fármacos hasta el diagnóstico precoz y la medicina personalizada. P.e.: Detección temprana de cáncer, desarrollo de nuevas moléculas, robots quirúrgicos.
  • Potenciación de la creatividad humana: Al encargarse de tareas tediosas, la IA puede liberar tiempo para que los humanos se centren en la ideación y la innovación. Incluso puede asistir en procesos creativos, como la generación de ideas o borradores. P.e.: Generación de texto, imágenes o música a partir de indicaciones.
Pero no todo el monte es orégano, he aquí algunas desventajas, defectos o peligros de la inteligencia artificial, a día de hoy:

  • Sesgo algorítmico y discriminación: Los sistemas de IA aprenden de los datos con los que son entrenados. Si estos datos reflejan prejuicios o desigualdades históricas (género, raza, nivel socioeconómico), la IA puede perpetuar y amplificar estos sesgos, llevando a decisiones injustas o discriminatorias. P.e. Sistemas de contratación que favorecen ciertos perfiles, algoritmos de reconocimiento facial con menor precisión en ciertos grupos étnicos.
  • Pérdida de empleos: La automatización impulsada por la IA puede desplazar a trabajadores de roles rutinarios y repetitivos, generando preocupación sobre el desempleo y la necesidad de una reconversión laboral masiva.
  • Falta de empatía y comprensión del Contexto Humano: La IA opera con datos y lógica, careciendo de la capacidad humana para comprender emociones, matices culturales, o situaciones sociales complejas. No tiene conciencia ni sentimientos. P.e. chatbots que no manejan bien situaciones de crisis emocionales y no comprenden el sarcasmo o la ironía.
  • Problemas de privacidad y seguridad de Datos: Para funcionar, la IA requiere acceso a grandes cantidades de datos, a menudo personales. Esto plantea riesgos significativos si estos datos no se gestionan de forma segura y ética, o si son vulnerables a ciberataques.
  • Opacidad y falta de transparencia (Caja Negra): Muchos algoritmos avanzados de IA, especialmente los de aprendizaje profundo, son tan complejos que incluso sus creadores pueden tener dificultades para entender cómo llegan a ciertas decisiones. Esto dificulta la auditoría, la depuración y la atribución de responsabilidades.
  • Dependencia tecnológica y fallos críticos: La creciente dependencia de la IA en sistemas vitales (infraestructura, defensa, salud) significa que un fallo en estos sistemas podría tener consecuencias catastróficas.
  • Coste elevado y necesidad de especialización: Desarrollar, implementar y mantener sistemas de IA robustos y eficientes requiere una inversión significativa de recursos y de personal altamente cualificado, lo que puede limitar su acceso a organizaciones con menos recursos.
  • Dilemas éticos y responsabilidad: ¿quién es responsable cuando un sistema de IA comete un error grave o causa daño? (Por ejemplo, un coche autónomo en un accidente). La creación de IA autónoma plantea complejos desafíos éticos y legales sobre la responsabilidad y el control.
  • Vulnerabilidad a ataques maliciosos: La IA puede ser utilizada para fines maliciosos, como la creación de deepfakes, la difusión de desinformación a gran escala, o el diseño de ciberataques más sofisticados.
Es decir, que nos encontramos como cuando se inventó la bomba de neutrones, pues se puede utilizar ese descubrimiento para hacer la bomba atómica o para curar el cáncer.

Y ¿la inteligencia influye en la felicidad?

Pues, ser muy inteligente no garantiza la felicidad, y aquí hay varios puntos a considerar:

1. Las personas altamente inteligentes a veces pueden ser más propensas a la rumiación, a analizar excesivamente las situaciones y a tener expectativas más altas de sí mismas y de los demás, lo que puede llevar a la frustración o el aislamiento.

2. O los famosos niños savant. El síndrome de savant o síndrome del sabio es una patología extraña en la que las personas con discapacidad en su desarrollo, lesiones o enfermedades cerebrales presentan «islas» espectaculares de habilidad o habilidades de forma extraordinaria, creando una discordancia entre la discapacidad y la «super habilidad”. Son expertos espaciales, o en arte, cálculos, mecánica e incluso memorizando datos o fotografías.

3. También, en algunos casos, las personas muy inteligentes pueden sentirse incomprendidas o tener dificultades para conectar con los demás a un nivel profundo, lo que podría llevar a sentimientos de soledad.

Queda claro que la forma en que se utiliza la inteligencia es más determinante que su mera posesión. Una alta capacidad intelectual puede ser una herramienta poderosa para construir una vida plena, pero no lo es todo. La felicidad es un concepto multidimensional influenciado en un alto porcentaje, por una amplia gama de factores más allá del coeficiente intelectual, como la salud física y mental, las relaciones sociales, el propósito en la vida, la autoaceptación, la resiliencia y la capacidad de gestionar las emociones.

En última instancia, el futuro de la inteligencia no se define por lo que medimos hoy, sino por cómo cultivamos y valoramos cada forma de habilidad humana.