Decía Sir Francis Bacon que: "La
amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad."
A diferencia de los lazos
familiares, que se basan en el parentesco biológico o legal, la amistad se
construye sobre la elección más o menos consciente de seres con los que
compartir experiencias, intereses y valores. Una de las funciones más
importantes de tener amigos y amigas es proporcionar un espacio seguro en el
que expresar emociones, compartir preocupaciones y a veces recibir consuelo.
Los amigos actúan como confidentes, brindando cercanía y comprensión en
momentos de alegría y tristeza, siendo una red de apoyo social que puede ser esencial
en momentos de necesidad vital.
Podríamos afirmar que la amistad
no es un lujo social, es una necesidad psicológica y biológica. La compañía, en
definitiva la vida en sociedad, es intrínseca a nuestra evolución inteligente
como especie pues nuestro cerebro es un órgano social que nos ha permitido desarrollarnos como seres humanos y
adaptarnos al medio.
El teórico Robin Dunbar, sugiere
que el cerebro humano creció tanto, especialmente la neocorteza, la parte más
exterior de nuestro cerebro, no para resolver problemas matemáticos o buscar
comida, sino para gestionar la complejidad de nuestras relaciones.
Dice que mantener el rastro de
quién es amigo de quién, quién es de fiar y quién nos debe un favor, requiere
una capacidad de procesamiento enorme. Y de aquí surge el famoso "Número
de Dunbar" (el 150), que es el límite aproximado de personas con las que
podemos mantener una relación social estable.
Las redes sociales expanden
nuestra red de "conocidos", pero no necesariamente nuestra red de
apoyo real. El cerebro social se siente "nutrido" por la profundidad,
no por el volumen. Para la supervivencia, lo que cuentan son los lazos fuertes
y no el número de seguidores.
A nivel bioquímico sabemos que el
cerebro social no solo gestiona “amigos”, sino que cuando compartimos una
relación con un amigo/a, liberamos oxitocina, la hormona del amor y del vínculo,
que reduce el estrés, protege el sistema cardiovascular y fortalece el sistema
inmune; además contrarrestamos el cortisol lo que significa menos inflamación
de nuestro organismo y más calma de nuestro sistema nervioso para conseguir
mayores estados de satisfacción y felicidad; incluso mantenemos vivo el sistema
parasimpático permitiendo que el cuerpo descanse y se repare.
Pero no podemos caer en el error
del fenómeno llamado de la "caloría social vacía", que sería como
comparar el uso de redes sociales con la comida ultraprocesada. Las
redes pueden darnos la sensación de estar conectados mientras nuestro cuerpo
biológicamente sigue en estado de soledad crónica. Es decir, dopamina rápida:
recibir un like activará el sistema de recompensa de forma inmediata pero
efímera y las pantallas nos darán poca oxitocina porque no hay contacto, como
ahora demostraremos.
Un primer estudio, meta-análisis de
Holt-Lunstad, que llaman estándar de oro científico por sus hallazgos en 2010, demuestra que tener fuertes lazos sociales
incrementa nuestra probabilidad de supervivencia en un 50 %
Esta misma autora, en otro
estudio cinco años después, señaló el efecto negativo del reverso de la moneda,
es decir: que el aislamiento social incrementa el riesgo de muerte en un 29 %,
el sentirse solo incrementa el riesgo en un 26 % y vivir solo en un 32 %
Otros experimentos fundamentales
fueron de Harry Harlow con los macacos Rhesus son la piedra angular para
entender el vínculo de apego y el desarrollo del cerebro social. En los años
50, la creencia dominante en psicología, que era el conductismo, decía que los
bebés se apegaban a sus madres solo porque ellas les daban comida. Y Harlow
demostró que esto era falso de esta manera experimental.
Separó a crías de macaco de sus
madres biológicas y les dio dos opciones:
Una madre de alambre, estructura
fría que tenía un biberón con leche y una madre de trapo, una estructura suave
y cálida, pero que no ofrecía alimento.
El resultado fue impactante: Las
crías pasaban casi todo el día (hasta 18 horas) abrazadas a la madre de trapo.
Solo iban a la de alambre el tiempo estrictamente necesario para comer y
volvían corriendo a refugiarse en la suavidad.
Este experimento reveló tres
pilares que hoy sabemos que son vitales para el cerebro social humano:
1- El
"Confort de Contacto": El cerebro de los primates (incluyendo el
nuestro) está programado para buscar seguridad táctil. El contacto físico calma
nuestra amígdala (el centro del miedo, que como sabes está situado en nuestro
sistema límbico) y permite que el cerebro social se desarrolle sin estar en
modo "supervivencia".
2- El
“apego seguro”: Cuando los monos tenían a su "madre de trapo", se
sentían valientes para explorar objetos nuevos. Sin ella, se paralizaban de
miedo. Esto demuestra que el apego seguro es el motor que permite al cerebro
social salir al mundo y aprender de otros.
3- “Sin
interacción no hay desarrollo”: Los monos que crecieron solo con las madres
artificiales (sin interacción con otros seres vivos) desarrollaron graves
patologías sociales de adultos: eran incapaces de comunicarse, eran agresivos o
se autolesionaban. Su red neuronal social nunca se "cableó"
correctamente porque les faltó el estímulo de un igual.
Hoy la neurociencia explica que
cuando un bebé (humano o mono) recibe afecto, su cerebro activa el sistema
dopaminérgico, que es el motor de la anticipación y de la motivación. Y el
experimento de Harlow fue la primera prueba visual de que el cerebro social
valora la conexión emocional por encima de las necesidades biológicas básicas
como el hambre.
Desde la filosofía, la reflexión
sobre la amistad es milenaria.
Aristóteles en Ética a Nicómaco ya definía tres tipos de amistad:" Amistad
por Placer que dura lo que dura el gozo mutuo; Amistad por Utilidad, que dura
lo que dura el beneficio mutuo; y Amistad de la Virtud (Perfecta) que persiste
cuando deseas lo mejor para tus amigos, por su propio bien.
Aristóteles argumentaba también que
solo esa amistad en la que deseamos el desarrollo moral del amigo, nos da la
fuerza para la sinceridad.
En nuestros días la psicología
moderna, nos dice que esa amistad virtuosa se sostiene sobre tres pilares:
Confianza Absoluta: La certeza de
que la intención del otro, del amigo es siempre positiva.
Reciprocidad: El equilibrio mutuo
en el esfuerzo, la inversión y el apoyo de la amistad.
Sinceridad con Empatía: Decir la
verdad buscando el crecimiento del otro.
Pero, ¿cómo pasamos de la
compañía a la intimidad?
Pues la clave es la
Vulnerabilidad. Altman y Taylor usan la metáfora de la cebolla para explicarlo,
en su Teoría de la Penetración Social y dicen: la amistad se profundiza cuando,
de forma progresiva, pasamos de compartir la superficie a compartir las capas
internas (nuestros miedos, nuestro núcleo).
Un experimento curioso de
laboratorio fue el de Arthur Aron y su equipo (publicado en 1997) transformaron
la idea de que la intimidad es algo que "simplemente sucede" por azar
o tras años de convivencia, demostrando que puede construirse de forma
deliberada a través de la vulnerabilidad escalada.
Aron y su equipo querían ver si
podían crear una cercanía interpersonal significativa en un entorno de
laboratorio en solo 45 minutos. Los participantes eran estudiantes
universitarios que no se conocían entre sí. Se dividieron en parejas y se les
pidió que pasaran tres sesiones de 15 minutos respondiendo a 36 preguntas, de
tres bloques.
Bloque 1: Preguntas rompehielos y
ligeras (Ej: "¿Te gustaría ser famoso?").
Bloque 2: Temas más personales y de
valores (Ej: "¿Cuál es tu recuerdo más terrible?").
Bloque 3: Intimidad directa y
vulnerabilidad compartida (Ej: "Si fueras a morir esta noche, ¿qué es lo
que más lamentarías no haberle dicho a alguien?").
Después de terminar las
preguntas, las parejas debían realizar una tarea final: mirarse fijamente a los
ojos y en silencio, durante 4 minutos ¡VAYA PRUEBA!. Este contacto visual
prolongado servía para solidificar la conexión emocional generada por las
palabras.
Conclusión, el éxito del
experimento no se debió solo a las preguntas, sino al método de
"autorrevelación recíproca, ascendente y sostenida". Y esta es la
explicación:
Recíproca, porque cuando se
comparte algo más que palabras, se crean
vínculos.
Ascendente, pues la profundidad de los secretos aumenta
gradualmente. Si empiezas una relación con un secreto muy oscuro demasiado
pronto, la otra persona se siente invadida o asustada.
Sostenida al mantenerse el
enfoque en el otro durante todo el proceso.
Un dato curioso del experimento
es que aunque el objetivo original de Aron en el experimento no era crear
parejas románticas (sino solo estudiar la cercanía social), una de las parejas
originales en el laboratorio se casó seis meses después e invitó a todo el
equipo de investigación a la boda.
¿Y por qué razón funciona este
método según la psicología?
Si lo piensas es bastante lógico
porque al compartir información privada, el cerebro interpreta que la otra
persona es alguien en quien se puede confiar. Al recibir la vulnerabilidad del
otro sin juicio, se activa el sistema de recompensa y se genera un sentimiento
de "nosotros" en lugar de "tú y yo".
También tú puedes hacer un
pequeño experimento personal e Iniciar el Vínculo: Elige a un amigo/a y
practica la vulnerabilidad: es decir, inicia una conversación profunda y
significativa esta semana, pero la clave, recuerda, está en no juzgar, diga lo que diga y piense
lo que piense... ¿Te atreves?... A ver qué pasa… ya me contarás.
En nuestras etapas evolutivas
vamos elaborando el concepto de amistad.
A través del juego, los niños y niñas van aprendiendo a construir
relaciones de amistad, en un inicio de forma más paralela e individualista y después
con vínculos más profundos y auténticos, al tiempo que van apareciendo
habilidades como la empatía y la conexión emocional.
La amistad es un espacio en el
que se da cabida a otras emociones necesarias para el desarrollo del ser
humano, como son el enfado, la rivalidad y la competitividad. A través del
manejo de estas emociones, los niños y niñas van aprendiendo a resolver
conflictos, a manejarse ante situaciones complejas y a desarrollar habilidades
sociales, aspectos que son fundamentales para la vida adulta.
En la adolescencia, etapa llena
de cambios y crisis, la amistad cobra un papel central. Los amigos y las
amigas, el grupo de iguales, son el refugio al que acudir y en el que apoyarse
en un momento en el que la relación con la familia está en pleno cambio. Los
jóvenes buscan su identidad y la definición de uno/a mismo/a se vuelve tarea
central en el desarrollo del psiquismo y es ahí donde la amistad es
transcendental para ellos y ellas.
La amistad en ese tiempo surge
por proximidad (colegio, universidad), algo que se puede asociar al mero efecto
de exposición repetida. Sin embargo en la vida adulta, este factor desaparece aunque los
amigos siguen siendo fundamentales. Mantener una amistad requiere intención
consciente y adaptación a los cambios de vida y conforme cumplimos años ya
empezamos a tener pareja, hijos, otros trabajos o lugares de residencia… ampliándose así las áreas en las que los
individuos establecemos otras relaciones de amistad. Sin embargo, durante la
adultez, se suele disponer de menos tiempo, por lo que a veces puede resultar
complicado iniciar nuevos vínculos de amistad o incluso mantener aquellos con
los que ya se contaba anteriormente.
Ya en la vejez y en las últimas
etapas de la vida, la amistad recobra otra vez una importancia fundamental. Este
es un momento de grandes pérdidas, tanto de capacidades físicas como
personales, lo cual puede llevar a situaciones de soledad y aislamiento. La
amistad surge entonces como un antídoto frente a ellas, protegiendo a las
personas y brindándoles apoyo, comprensión y acompañamiento.
Otro hecho relevante es que
siempre debemos validar la pérdida de una amistad, pues es un duelo real. La
amistad de la virtud nos enseña que el vínculo tiene un valor incalculable y que
es legítimo sentir su vacío. Nuestro cerebro no distingue entre un
"corazón roto" o una amistad pérdida y una herida física. El dolor es
real porque utiliza la misma infraestructura neuronal. Además, como ya dijimos
antes, el cerebro social está diseñado para sobrevivir y perder una amistad es,
para nuestras neuronas como perder un seguro de vida.
Como sabrás, un grave problema
actual de esta sociedad altamente tecnificada y narcisista en la que estamos
instalados, es el de la soledad. Desde una perspectiva psicosocial, la soledad
se interpreta como un fenómeno influido tanto por factores individuales como
estructurales:
Los factores individuales pueden
ser: la personalidad, habilidades sociales limitadas o trastornos como la
ansiedad social.
Y los Factores estructurales
abarcan: la desintegración de las comunidades tradicionales, el urbanismo
despersonalizado y la cultura de la autosuficiencia.
Además, los efectos psicosociales
de la soledad, cuando se prolonga en el tiempo con situaciones de aislamiento
emocional o social significativo, pueden ser varios:
1. Aumento de la ansiedad y la depresión al experimentar un
gran miedo al rechazo o a la crítica, hecho que dificulta tener relaciones con
normalidad o la generación de
pensamientos negativos recurrentes, como sentirse insuficiente o no deseado, lo
que también hace perder la motivación para buscar conexiones sociales.
2. Impacto en la autoestima cuestionándose el no ser “lo suficientemente
bueno” para conectar con los demás. Expresándose a través de una autocrítica exagerada como si no se encajara en ningún lugar.
3. Dificultades en la regulación emocional. La soledad
también afecta la capacidad de una persona para gestionar sus emociones. Las
conexiones sociales actúan como un amortiguador natural frente al estrés y los
desafíos de la vida, pero sin ese apoyo, las emociones pueden desbordarse con
más facilidad.
Más allá de los efectos
psicológicos de la soledad también está
generando desconfianza hacia los
demás el individualismo en el que
vivimos. En la actualidad el ser humano
de los países modernos está muy hiperconectado, pero sin vínculos y tiene un
estilo de vida demasiado acelerado. Nos hemos convertido en átomos aislados con
vínculos distantes, blandos y tenues. Por ello, se abandonan rápidamente
parejas, amigos, trabajos, lugares, grupos y lo hacemos muchas veces
desapareciendo, sin despedirnos, a veces sólo con un simple mensaje de
WhatsApp.
La dependencia de la tecnología
puede llevar a una desconexión física de las personas que nos rodean. Por
ejemplo, es común ver a grupos de personas reunidas físicamente, pero cada una
enfocada en su propio dispositivo móvil, lo que impide la conexión
interpersonal genuina.
Todo ello, nos constituye en
sujetos conectados, pero con vínculos endebles, desapegados de otros seres y cosas.
Esto conlleva el aumento de los citados males: individualismo, egoísmo y narcisismo,
que son factores significativos que contribuyen a la sensación de soledad en la
sociedad actual.
Podemos decir en este punto que
la mejor píldora vital contra la soledad y el individualismo, sin que nos
equivoquemos en el pronóstico, es la amistad, la cercanía y el cariño de los
nuestros. Necesitamos que la interacción digital sea el prólogo, y no el
sustituto, de un abrazo o de una conversación cara a cara.
Por otro lado, existe la cara oscura
de la amistad, las llamadas “red flags o banderas rojas”, una forma moderna de definir
un mecanismo de supervivencia ancestral. En el contexto ya citado de nuestro
cerebro social, las red flags no son solo intuiciones, sino el resultado de un
sistema de "detección de amenazas sociales", altamente sofisticado o de
señales de alerta que indican comportamientos, actitudes o patrones no
saludables, tóxicos o potencialmente peligrosos en una relación.
La amistad es un jardín que
requiere cuidado consciente y merece vínculos que nos eleven. Si constantemente nos restan, debemos de reconocer
las señales de alarma, y esas son las famosas banderas rojas.
Te invito a que observes a tus
amistades o conocidos y a detectar si en esas relaciones hay banderas rojas, si
solo hay competencia constante o drenaje emocional (p.e. solo te llaman cuando
necesitan ayuda) o incluso si existe crítica destructiva encubierta)… y estarás
conmigo que eso ya no es amistad o relación pura, eso es otra cosa.
También te propongo que realices
la llamada auditoría de círculo, es decir:
Evalúa a tus amigos cercanos con
la pregunta: ¿Cómo me siento física y emocionalmente después de pasar tiempo
con ellos?
Puedes hacer un simple análisis:
si los costes de la relación (estrés, energía) superan consistentemente las
recompensas (apoyo, alegría), tienes una balanza bastante descompensada y
quizás tu mente busqué una alternativa (incluso la soledad) porque es un mejor
negocio emocional. De ahí aquello de: “más vale solo que mal acompañado"
Otro indicador, en esa auditoría
del círculo, es el físico: "Tu cuerpo es el termómetro más honesto. Y si
al volver a casa te sientes agotado y con tensión después de estar con sus
supuestos amigos/as, tu sistema nervioso te está enviando una señal de estrés
crónico en esa relación."
La herramienta esencial para no
tener costes emocionales y malos rollos es poner límites asertivos: "Para
protegerte, necesitas expresarte con asertividad: esa gran habilidad de
expresar tus necesidades, sin culpa; de defender tus derechos y los de los
demás, con razones; de saber decir no cuando sea necesario…”.
Para ser asertivo existen
diferentes técnicas, una de ellas puede ser usar la fórmula del 'Yo': 'Yo me
siento [sentimiento] cuando [comportamiento], y necesito que
[solución/límite]'."
P.e: Yo me siento muy triste o decepcionado
cuando hablas en mi nombre y necesito que me respetes y me dejes decidir por mí
mismo/a… Si te expresas de esta manera
el coste emocional será mínimo porque ya expresas lo que sientes y lo que
necesitas de la otra persona, sin ambages ni rodeos.
En resumen, como diría el gran
sabio, Platón: No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad.
Y yo añadiría: Dedica tiempo a quiénes son tus amigos/as; acuérdate de esas fechas simbólicas e importantes para ti y para ellos/as; préstales ayuda cuando la requieran sin medir compensaciones; invierte en honestidad; utiliza el humor… y sobre todo cuida de esas personas que quieres y te quieren, esos tesoros existenciales que te dan vida, porque te harán mejor persona y son un seguro de vida para evitar los efectos de la soledad y alcanzar una mayor plenitud y felicidad


