miércoles, 24 de agosto de 2016

MINDFULNESS EN LA EDUCACIÓN


Mindfulness es una palabra inglesa empleada para traducir ‘sati’, un término del idioma pali (lengua nativa del norte de la India) que denota conciencia, atención y recuerdo. Se ha traducido al español como ‘atención plena”, es decir, centrar la atención en el momento que se vive, “estar atentos, aquí y ahora”, abarcando conceptos y experiencias tales como: discernimiento, sabiduría, aceptación, libertad interior,  amor o  compasión. 

Del mismo modo que  se hace  deporte o se entrena un determinado músculo del cuerpo en el gimnasio, mindfulness es una técnica que sirve para entrenar y mejorar el ‘músculo’ de la atención, realizándose de forma completamente secular, sin necesidad de tener adherencia a ningún tipo de creencia religiosa o cultural... lo que dice mucho a su favor.

Para conseguir dicha atención plena, hay que ser capaces de sincronizar lo que sucede a nuestro alrededor con lo que pasa dentro de uno mismo. Este acercamiento específico, el hecho de prestar atención de forma consciente a la realidad, mejora el foco mental, el funcionamiento y rendimiento académico. 

La práctica de mindfulness, o atención plena, enseña a despejar la mente para facilitar el trabajo realizado, siendo capaces de crear un espacio interior, por lo que cuanto más se practique, más grande será.

Esta técnica ayuda a apreciar lo que la vida ofrece en cada momento y a no juzgar, criticar y/o evaluar. Sirve también para conseguir cambios permanentes en el funcionamiento cerebral (neuroplastia), logrando mejorar el nivel de atención. Y conlleva beneficios para la salud e importantes mejoras psicológicas como: gestión del estrés, manejo de la ansiedad, un mayor equilibrio emocional, proporcionando una mejor visión y perspectiva ante los acontecimientos.

La meditación es una de las técnicas utilizadas en el mindfulness formal,  quedando avalada por su eficacia en el ámbito de la salud a través de la publicación de numerosos libros y artículos científicos. Los beneficios de esta técnica milenaria  se están aplicando ahora al campo de la educación con excelentes resultados no sólo para los escolares, sino también para los docentes y las familias. Proyectos como Educación 3.0 o “Aulas Felices”, pensados y realizados por profesionales de nuestra tierra, son prueba de ello.

En relación al campo  académico, desde hace dos años la Universidad de Zaragoza  imparte un Máster  de Mindfulness, pionero en España, como apuesta clara por abrir este conocimiento a la sociedad, con una gran aceptación de estudiantes y profesionales de diferentes campos (salud, educación, servicios sociales, empresa).

También la psicología contemporánea, en numerosas terapias llamadas de tercera generación, incluye estas prácticas, como parte esencial del tratamiento, con resultados muy prometedores.

El objetivo terapéutico principal es que, el paciente o cliente, incremente su consciencia y responda con más habilidades a sus procesos mentales, que han podido contribuir al desarrollo de algún tipo de trastorno psicopatológico; invitándole, a que deje de lado el piloto automático que lleva puesto la mayor parte del tiempo en su vida, a que deje de rumiar el pasado, de anticipar el futuro y se centre en lo importante,... porque no hay otra cosa más  que "el aquí y el ahora". 

Pero no hace falta tener ningún tipo de patología para vivir con plenitud la vida e intentar culminar un presente de felicidad, invirtiendo un pequeño tiempo diario en estas prácticas que no tienen coste material alguno y cuyos beneficios están sobradamente demostrados.
 
Por todo ello, como profesor desde hace treinta años y como psicólogo aprendiz y en permanente formación, creo que la educación de hoy demanda algo más que el mero aprendizaje de ciertos contenidos curriculares. Y tenemos que apostar firmemente por ser  educadores o enseñantes conscientes, que forman a seres humanos conscientes, con padres también conscientes. 

Las autoridades educativas deberían ser sensibles a esta realidad, no tanto porque mindfulness esté de moda, sino porque se necesita sembrar y cultivar el huerto interior del individuo en formación, para que la sociedad recoja sus frutos colectivos.
   

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