La verdad es que algo importante está sucediendo últimamente con el clima y con el planeta tierra.Y quizás dicho fenómeno requiera de una reflexión puntual.
Tal es así que hasta los más jóvenes se lo están tomando en serio y se manifiestan masivamente. Sin ir más lejos, a primeros de octubre en Nueva York, una niña llamada Greta Thunberg congregó a 250000 personas en un acto en el que dijo, entre otras cosas:
"Si nadie actúa lo haremos nosotros. No somos simples jóvenes que se saltan las clases. Somos la vía para el cambio. Juntos somos imparables"
De ahí que ya se empieza a tildar dicho movimiento de imberbes como " la generación Greta. Los chicos y chicas que con pocos años de vida y experiencias reivindican un mundo mejor, un planeta limpio donde se pueda vivir.Y lo hacen sin necesitar a sus padres, a pecho descubierto y con la sensibilidad suficiente como para empezar a tomarles en serio.
Hace años se acuñó el término medio ambiente y nunca logré entender su significado como mitad, aunque ahora veo que otros más poderosos sí. Y no es que el planeta esté preocupado por lo que sucede pues todavía no se ha manifestado en los medios de comunicación ni en las calles de las grandes ciudades, más bien lo está haciendo con algo que todos padecemos: aumento de las temperaturas, cambios estacionales bruscos -grandes sequías, grandes remojadas-, flores y faunas alteradas en su proceso evolutivo natural y un sinfín de afecciones que ponen en jaque la salud de la especie.
El equilibrio entre el progreso y el desarrollo económico también se está colocando en entredicho por la coyuntura. No siempre se crece sin costes y peajes. No siempre se gana el pulso a lo natural desde lo artificial. No siempre los humanos podemos pasarnos de listos con las leyes de la física o de la naturaleza. Y no siempre se gana desde el egoísmo o las riquezas materiales.Cuando pienso en el cambio climático y en la mano del hombre siempre me acuerdo de este proverbio indio lleno de sabiduría y acierto:
"Cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come"
Confío en que aunque sean los jóvenes los que lideren esta puesta en escena, tengamos todos pequeños gestos con el cuidado de la tierra, que se hacen grandes a futuro.
Que no sea este movimiento, un proyecto teledirigido o una moda pasajera, que de eso la política y el marketing saben lo suyo. Y que desde la responsabilidad de cada cual sepamos lo que nos conviene para no pagar las consecuencias de este desaguisado que altera el equilibrio en general.
Ah, por cierto jóvenes, y no es incompatible reivindicarse con ir a las clases. Se puede trabajar desde la escuela, el instituto o las universidades, en el día a día; en casa, en la calle, en los parques, en las fiestas, allá dónde estemos porque en eso sí coincido:: "Juntos, somos imparables."
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