Para los neurocientíficos, las
emociones son claves en el funcionamiento del cerebro y para la supervivencia. Estas surgen
por necesidades del organismo y por cuestiones de motivaciones internas y
externas. De hecho si no tuviéramos miedo, y este no fuera adaptativo,
seguramente a día de hoy no existiríamos como especie porque hubiéramos sido
engullidos por las bestias.
Las emociones son impulsos
involuntarios que se dan como respuesta a los estímulos ambientales, a las
impresiones de los sentidos, a las experiencias, a las ideas o a los recuerdos. Nos provocan estados de ánimo a través de los
sentimientos y de las conductas de
reacción automática. Son consustanciales a nuestra especie porque aumentan el
significado de nuestra propia vida y son esenciales en las relaciones afectivas
e interpersonales.
El profesor y psicólogo americano
Robert Plutchik creó en 1980 la rueda de las emociones, distinguiendo entre ocho
emociones primarias y otras tantas complejas.
Según este autor, una emoción primaria surge cuando un objeto o situación se aprecia bajo solo un aspecto, por ejemplo cuando estamos tristes como consecuencia de la muerte de un ser querido; y una emoción compleja surgiría a partir de la combinación entre sí de las emociones primarias. De hecho en la fase de duelo citada, la ira también hará acto de presencia al no entender lo que nos ha pasado o al preguntarnos por qué se han tenido que cebar con nosotros de esta manera tan injusta.
Más recientemente, a principios
de este siglo el catedrático español Bisquerra, agrupó las emociones en
positivas, negativas y ambiguas. Incluyó como emociones positivas: la alegría,
el amor, el humor y la felicidad; como emociones negativas: el miedo, la
ansiedad, la ira, la tristeza, el rechazo y la vergüenza; y como emociones
ambiguas: la sorpresa, la esperanza y la compasión.
¿Qué nos ocurre cuando una
emoción se hace tan poderosa que nos lleva a perder el control?
Esta situación la definió el
autor de la inteligencia emocional, Daniel Goleman en 1996, como SECUESTRO AMIGDALAR y
consiste en que la amígdala roba la activación de otras áreas cerebrales, sobre
todo el córtex, dominando la conducta del sujeto y apagando el área que nos
hace más racionales y más humanos. Y así, nuestro pensamiento lógico queda
supeditado al mando de nuestras emociones.
Es decir, que cuando nos encontramos delante de un estrés
importante de nuestro mundo particular, aunque no amenace nuestra
supervivencia, como puede ser un atasco de tráfico que nos impide llegar a
tiempo al trabajo o una discusión con la pareja o con los hijos, nuestra
amígdala, esa pequeña estructura de nuestro sistema límbico que parece una
judía, nos secuestra al sobreexcitarse. Esto hace que todo nuestro cuerpo se
llene de adrenalina y cortisol durante un tiempo determinado provocando malestar, con el resultado final de que tendremos resaca
emocional. Por eso los psicólogos decimos aquello de: en tiempo de tsunami no
elijas el color de la cocina, es decir, que cuando estamos bloqueados
emocionalmente por algún conflicto particular nuestro cerebro cognitivo no
procesa bien la información y por eso es más fácil que nuestras decisiones no
sean las más acertadas.
De hecho, se sabe que algunas
alteraciones del sistema límbico o cerebro más primitivo, están relacionadas
con enfermedades neurodegenerativas como la
demencia, el alzhéimer, los trastornos de ansiedad, la epilepsia o los
trastornos afectivos como el bipolar o la depresión, incluso el autismo o el síndrome de asperger, que conllevan
alteraciones en aspectos sociales.
El sufrimiento emocional sabemos
que dejará huella en nuestros genes pues de hecho los extremos de los
cromosomas, también llamados telómeros, disminuyen con el paso de los años, por las
enfermedades y por el estrés. El punto de compensación estará en aquellas buenas experiencias que puedan alterar el material genético y nuestra neuroplasticidad.
Por cierto, si te encuentras enfadado cuenta hasta diez y si estás realmente enfado/a hasta mil, porque cuando cuentas activas tu córtex cerebral y la parte frontal, que es la parte de la lógica, comenzando así a detener el secuestro emocional.
Otra estrategia que te recomiendo
es la de centrarte en la respiración de forma consciente que es una práctica de
mindulfuness, porque al concentrarte en la respiración y aceptar el momento
presente activas la calma a través del sistema nervioso parasimpático e inhibes
al sistema simpático, que estará muy activado en el secuestro amigdalar o bloqueo emocional.
Otro tema que se conoce en
psicología es la conexión entre las emociones, los pensamientos y las
conductas. Una emoción puede llevar a un pensamiento y viceversa. Y ambas nos
conducen a un comportamiento determinado. Por tanto, la importancia de conocer
y vivir las emociones va a ser clave para alimentar los pensamientos y manejar
los pensamientos también va a ser definitorio para no caer en trampas
emocionales o tener conductas no deseadas.
Un tema generacional pendiente ha sido la educación emocional, la expresión de las emociones sin censuras. Y algo hemos avanzado en este tiempo pues conocemos pedagogías que abordan el aprendizaje de las emociones desde edades muy tempranas, siendo este un factor preventivo y central en el desarrollo saludable de los individuos en sociedad.
Otro elemento de conexión de las
emociones ha sido con la inteligencia, o la capacidad de adaptarnos a lo que nos toca vivir. Si antes se medía la inteligencia por la tasa de respuesta o por el cociente intelectual a
través de los test, en la modernidad se amplía el concepto de la inteligencia a otras mediciones, como las
inteligencias múltiples o la emocional.
Te invito a valorarte para saber
si eres inteligente emocionalmente. Para ello tendrás que reconocer tus
emociones a través de estos dos factores iniciales:
- Autoconocimiento: ¿No te conoces nada, te conoces poco, o algo; o sabes realmente quién eres y cómo eres?
- Autorregulación: ¿Pierdes los papeles con facilidad, cualquier persona o hecho te sacan de tus casillas y no llegas a reconocerte y posteriormente te arrepientes de cómo has actuado… o por el contrario sabes capear los temporales y no tienes grandes costes emocionales porque regulas tus conductas en momentos delicados?
También deberás reconocer las
emociones de los demás, a través de estos otros dos factores:
- Habilidades sociales: ¿Estás solo/a, sin amigos/as; no sabes trabajar en equipo e incluso liderarlo o tienes facilidad para relacionarte y hacer amistades, generar sinergias, crear grupo o empoderarte?
- Empatía: ¿No te aproximas al resto de las personas e intentas entenderlas poniéndote en su lugar o por el contrario, como decía Gandhi, sabes muy bien cómo camina el otro porque te has puesto sus zapatos?
Y el último factor a valorar es tu motivación, que
depende de ti y a veces también de los demás: ¿Estás habitualmente
desmotivado/a, no hay nada que te ilusione en particular y te abone
emocionalmente o tienes grandes motivaciones tanto extrínsecas como intrínsecas
importantes y retos que conquistar en tu vida?
¿Cómo ha salido tu valoración final de los cinco factores de la inteligencia emocional?
No te preocupes por
el resultado pues ha sido una foto estática, aunque si observas algún aspecto
de los anteriores como debilidad puedes entrenarlo de manera consciente como un
reto a corto y medio plazo.
Algunos consejos o recomendaciones para
hacer que nuestra mente siga siendo maravillosa e infinita, rebajar el peaje y el coste emocional de nuestra vida cotidiana:
1.-IDENTIFICA
TUS EMOCIONES Y AMPLIA TU VOCABULARIO EMOCIONAL para expresarlas mejor. Observa la conexión que hay entre tus pensamientos, tus emociones y tus conductas.
2.-ACÉPTATE y
RECONÓCETE, focalízate en tus virtudes y no te empeñes en cambiar lo que no
puedas.
3.-ESFUÉRZATE Y COMPROMÉTETE en cambiar lo que sí puedas, aunque antes tendrás que reconocer la
diferencia entre lo que puedes cambiar y lo que no (p.e. la genética); y no
desesperes porque eso lleva su tiempo.
4.-REBAJA LA
AUTOCRÍTICA Y LAS AUTOEXIGENCIAS, no caigas en la tentación del perfeccionismo
pues te provocará seguramente insatisfacción. No seas tu peor juez, ni tampoco mueras
de éxito aparente o de narcisismo, permítete equivocarte y rectificar pues
dicen que eso es de sabios. Al fin y al cabo, estarás conmigo en que la vida es
ensayo y error.
5.-MANTÉN UN
PROPÓSITO EXISTENCIAL y actúa en consecuencia, diseña tu plan, fíjate metas,
retos, objetivos, ilusiones… deja que piense también tu corazón y engrasa la
voluntad.
6.-PRACTICA LA
ASERTIVIDAD, la defensa de tus derechos y los de los demás, aprende a decir que
no, sin sentirte culpable, con
educación; aléjate de los extremos que tienen que ver con conductas timoratas o
de indefensión y de la agresividad.
7.-ESCUCHA a tu cuerpo para identificar tus sentimientos; aprende a
respirar y a serenarte con pequeñas relajaciones.
8.-TEN UNA MENTE ABIERTA con los demás pues no todos somos iguales y cada uno
lleva su mochila existencial particular.
9.-RESUELVE LOS CONFLICTOS que tienes con los demás. Recuerda que una
buena negociación entre dos acabará repartiendo las ganancias o las pérdidas a
partes iguales.
10.-EDUCA EL
OPTIMISMO para garantizar tener mayor
neurogénesis en tu cerebro, pues aunque puedas observar como punto de partida,
la botella medio llena o medio vacía, el resultado final no será el mismo.
Puedes escucharlo también pinchando este enlace:
https://podcasters.spotify.com/pod/show/joseantonioguallarclaver
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