martes, 14 de noviembre de 2023

MANEJANDO LAS EMOCIONES

Para los neurocientíficos, las emociones son claves en el funcionamiento del cerebro y para la supervivencia. Estas surgen por necesidades del organismo y por cuestiones de motivaciones internas y externas. De hecho si no tuviéramos miedo, y este no fuera adaptativo, seguramente a día de hoy no existiríamos como especie porque hubiéramos sido engullidos por las bestias.

El sistema límbico cerebral es el llamado “cerebro emocional o primitivo” y está compuesto por: el hipotálamo, el hipocampo, la amígdala y la corteza orbitofrontal; rige el Sistema Nervioso Autónomo, siendo el encargado del pulso, de la presión arterial, de la respiración y de otras muchas funciones fisiológicas; regulando a su vez las emociones;  y tiene un papel muy importante en el aprendizaje y en la memoria.  Por ejemplo, ante la situación citada antes de las bestias y el miedo, será nuestro sistema límbico el que nos mantendrá en estado de alerta cuando dichos animales nos provoquen miedo, preparándonos para la lucha o la huida.  

Las emociones son impulsos involuntarios que se dan como respuesta a los estímulos ambientales, a las impresiones de los sentidos, a las experiencias, a las ideas o a los recuerdos.  Nos provocan estados de ánimo a través de los sentimientos y de las  conductas de reacción automática. Son consustanciales a nuestra especie porque aumentan el significado de nuestra propia vida y son esenciales en las relaciones afectivas e interpersonales.

El profesor y psicólogo americano Robert Plutchik creó en 1980 la rueda de las emociones, distinguiendo entre ocho emociones primarias y otras tantas complejas.

Según este autor, una emoción primaria surge cuando un objeto o situación se aprecia bajo solo un aspecto, por ejemplo cuando estamos tristes como consecuencia de la muerte de un ser querido; y una emoción compleja surgiría a partir de la combinación entre sí de las emociones primarias. De hecho en la fase de duelo citada, la ira también hará acto de presencia al no entender lo que nos ha pasado o al preguntarnos por qué se han tenido que cebar con nosotros de esta manera tan injusta. 

Otro  psicólogo americano, Paul Ekman, reduce las emociones universales a seis: el miedo, la ira,  la tristeza, el asco, la sorpresa y alegría. Destaca como cambia nuestro rostro, con movimientos acordes, cuando sentimos cada una de esas emociones; no en vano la cara siempre se ha dicho que es el espejo del alma. Por ejemplo cuando sonreímos y estamos felices, lo que nos sale es cerrar un poco más los ojos y así aparecen “las famosas patas de gallo”, también se elevan nuestras mejillas y  los extremos de los labios. Por cierto, la risa es uno de los actos que más músculos activa a la vez: de 12 a 17 en la cara y unos 400 en todo el cuerpo; sabemos que es muy beneficiosa porque es generadora de endorfinas cerebrales, las hormonas que nos reportan felicidad de manera gratuita, y por eso hay que reírse mucho y bien. 

Más recientemente, a principios de este siglo el catedrático español Bisquerra, agrupó las emociones en positivas, negativas y ambiguas. Incluyó como emociones positivas: la alegría, el amor, el humor y la felicidad; como emociones negativas: el miedo, la ansiedad, la ira, la tristeza, el rechazo y la vergüenza; y como emociones ambiguas: la sorpresa, la esperanza y la compasión.

¿Qué nos ocurre cuando una emoción se hace tan poderosa que nos lleva a perder el control?

Esta situación la definió el autor de la inteligencia emocional, Daniel Goleman en 1996, como SECUESTRO AMIGDALAR y consiste en que la amígdala roba la activación de otras áreas cerebrales, sobre todo el córtex, dominando la conducta del sujeto y apagando el área que nos hace más racionales y más humanos. Y así, nuestro pensamiento lógico queda supeditado al mando de nuestras emociones.

Es decir,  que  cuando nos encontramos delante de un estrés importante de nuestro mundo particular, aunque no amenace nuestra supervivencia, como puede ser un atasco de tráfico que nos impide llegar a tiempo al trabajo o una discusión con la pareja o con los hijos, nuestra amígdala, esa pequeña estructura de nuestro sistema límbico que parece una judía, nos secuestra al sobreexcitarse. Esto hace que todo nuestro cuerpo se llene de adrenalina y cortisol durante un tiempo determinado provocando malestar, con el resultado final de que tendremos resaca emocional. Por eso los psicólogos decimos aquello de: en tiempo de tsunami no elijas el color de la cocina, es decir, que cuando estamos bloqueados emocionalmente por algún conflicto particular nuestro cerebro cognitivo no procesa bien la información y por eso es más fácil que nuestras decisiones no sean las más acertadas.

De hecho, se sabe que algunas alteraciones del sistema límbico o cerebro más primitivo, están relacionadas con enfermedades neurodegenerativas como la  demencia, el alzhéimer, los trastornos de ansiedad, la epilepsia o los trastornos afectivos como el bipolar o la depresión, incluso el autismo  o el síndrome de asperger, que conllevan alteraciones en aspectos sociales.

El sufrimiento emocional sabemos que dejará huella en nuestros genes pues de hecho los extremos de los cromosomas, también llamados telómeros, disminuyen con el paso de los años, por las enfermedades y por el estrés. El punto de compensación estará en aquellas buenas  experiencias que  puedan alterar el material genético y nuestra neuroplasticidad.

Por cierto, si te encuentras enfadado cuenta hasta diez y si estás realmente enfado/a hasta mil, porque cuando cuentas activas tu córtex cerebral y la parte frontal, que es la parte de la lógica, comenzando así a detener el secuestro emocional.

Otra estrategia que te recomiendo es la de centrarte en la respiración de forma consciente que es una práctica de mindulfuness, porque al concentrarte en la respiración y aceptar el momento presente activas la calma a través del sistema nervioso parasimpático e inhibes al sistema simpático, que estará muy activado en el secuestro amigdalar o bloqueo emocional.

Otro tema que se conoce en psicología es la conexión entre las emociones, los pensamientos y las conductas. Una emoción puede llevar a un pensamiento y viceversa. Y ambas nos conducen a un comportamiento determinado. Por tanto, la importancia de conocer y vivir las emociones va a ser clave para alimentar los pensamientos y manejar los pensamientos también va a ser definitorio para no caer en trampas emocionales o tener conductas no deseadas.

Un tema generacional pendiente ha sido la educación emocional, la expresión de las emociones sin censuras.  Y algo hemos avanzado en este tiempo pues conocemos pedagogías que abordan el aprendizaje de  las emociones desde edades muy tempranas, siendo este un factor preventivo y central en el desarrollo saludable de los individuos en sociedad.

Otro elemento de conexión de las emociones ha sido con la inteligencia, o la capacidad de adaptarnos a lo que nos toca vivir. Si antes se medía la inteligencia por la tasa de respuesta o por el cociente intelectual a través de los test, en la modernidad se amplía el concepto de la inteligencia a otras mediciones, como las inteligencias múltiples o la emocional.

Te invito a valorarte para saber si eres inteligente emocionalmente. Para ello tendrás que reconocer tus emociones a través de estos dos factores iniciales:

  • Autoconocimiento: ¿No te conoces nada, te conoces poco, o algo; o  sabes realmente quién eres y cómo eres? 
  • Autorregulación: ¿Pierdes los papeles con facilidad, cualquier persona o hecho te sacan de tus casillas y no llegas a reconocerte y posteriormente te arrepientes de cómo has actuado… o por el contrario sabes capear los temporales y no tienes grandes costes emocionales porque regulas tus conductas en momentos delicados?

También deberás reconocer las emociones de los demás, a través de estos otros dos factores:

  • Habilidades sociales: ¿Estás solo/a, sin amigos/as; no sabes trabajar en equipo e incluso liderarlo o tienes facilidad para relacionarte y hacer amistades, generar sinergias, crear grupo o empoderarte?
  • Empatía: ¿No te aproximas al resto de las personas e intentas entenderlas poniéndote en su lugar o por el contrario, como decía Gandhi, sabes muy bien cómo camina el otro porque te has puesto sus zapatos?  

Y el último factor a valorar es tu motivación, que depende de ti y a veces también de los demás: ¿Estás habitualmente desmotivado/a, no hay nada que te ilusione en particular y te abone emocionalmente o tienes grandes motivaciones tanto extrínsecas como intrínsecas importantes y retos que conquistar en tu vida?

¿Cómo ha salido tu valoración final de los cinco factores de la inteligencia emocional? 

No te preocupes por el resultado pues ha sido una foto estática, aunque si observas algún aspecto de los anteriores como debilidad puedes entrenarlo de manera consciente como un reto a corto y medio plazo.

Algunos consejos o recomendaciones para hacer que nuestra mente siga siendo maravillosa e infinita,  rebajar el peaje y el coste emocional de nuestra vida cotidiana:

1.-IDENTIFICA TUS EMOCIONES Y AMPLIA TU VOCABULARIO EMOCIONAL para expresarlas mejor. Observa la conexión que hay entre tus pensamientos, tus emociones y tus conductas.

2.-ACÉPTATE y RECONÓCETE, focalízate en tus virtudes y no te empeñes en cambiar lo que no puedas.

3.-ESFUÉRZATE Y COMPROMÉTETE en cambiar lo que sí puedas, aunque antes tendrás que reconocer la diferencia entre lo que puedes cambiar y lo que no (p.e. la genética);  y no desesperes porque eso lleva su tiempo.

4.-REBAJA LA AUTOCRÍTICA Y LAS AUTOEXIGENCIAS, no caigas en la tentación del perfeccionismo pues te provocará seguramente insatisfacción. No seas tu peor juez, ni tampoco mueras de éxito aparente o de narcisismo, permítete equivocarte y rectificar pues dicen que eso es de sabios. Al fin y al cabo, estarás conmigo en que la vida es ensayo y error.

5.-MANTÉN UN PROPÓSITO EXISTENCIAL y actúa en consecuencia, diseña tu plan, fíjate metas, retos, objetivos, ilusiones… deja que piense también tu corazón y engrasa la voluntad.

6.-PRACTICA LA ASERTIVIDAD, la defensa de tus derechos y los de los demás, aprende a decir que no, sin sentirte culpable,  con educación; aléjate de los extremos que tienen que ver con conductas timoratas o de indefensión y de la agresividad.

7.-ESCUCHA a tu cuerpo para identificar tus sentimientos; aprende a respirar y a serenarte con pequeñas relajaciones.

8.-TEN UNA MENTE ABIERTA con los demás pues no todos somos iguales y cada uno lleva su mochila existencial particular.

9.-RESUELVE LOS CONFLICTOS que tienes con los demás. Recuerda que una buena negociación entre dos acabará repartiendo las ganancias o las pérdidas a partes iguales.  

10.-EDUCA EL OPTIMISMO  para garantizar tener mayor neurogénesis en tu cerebro, pues aunque puedas observar como punto de partida, la botella medio llena o medio vacía, el resultado final no será el mismo.



¿Te apuntas a este magnífico desafío del manejo emocional para cultivar una mente maravillosa e infinita?

 

Puedes escucharlo también pinchando este enlace: 

https://podcasters.spotify.com/pod/show/joseantonioguallarclaver

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