A lo largo de la historia de
Occidente, una de las principales preocupaciones filosóficas, ha sido entender
la naturaleza del pensamiento.
Como ejemplos, podríamos citar al
gran maestro griego Aristóteles, que creía que los recuerdos eran espíritus que
viajaban de la sangre hasta el corazón, en el siglo IV a.C.; o a Descartes,
filósofo francés del s. XVI, que dijo la famosa frase de: “cogito ergo sum: pienso,
luego existo”.
En la historia de la Psicología, ciencia hermanada con la filosofía, el pensamiento humano ha pasado por diferentes etapas de estudio. Uno de los más sobresalientes fue llevado a cabo por uno de los padres de la psicología científica, Wilheim Wundt, quien a principios del siglo XX, propuso el estudio del pensamiento observando los productos de la sociedad, como el arte o el lenguaje.
Un pensamiento es una idea, un concepto o una imagen que surge en nuestra mente.
Si lo etiquetamos, podríamos
decir que puede ser consciente, inconsciente, racional, irracional, lógico o
ilógico; puede estar relacionado con
aspectos de nuestra vida, con otros pensamientos, con nuestros intereses o incluso
con algunas experiencias.
Los pensamientos, son la base del
razonamiento humano y forman parte de una actividad mental fundamental y
compleja, pues nos permiten procesar la información, tomar decisiones o comprender
el mundo que nos rodea.
Nuestro cerebro es el eje central
de la generación de pensamientos; pesa alrededor de un kilo cuatrocientos
gramos y contiene unas 100.000 millones de neuronas. Está en permanente estudio
y todavía no se conoce en su totalidad. En fechas recientes se ha descubierto
el mapa completo del cerebro de las ratas, siendo un paso muy importante para
entender la mente humana porque la mayoría de los experimentos se hacen con
estos animales en laboratorios.
Las neuronas del cerebro humano
se conectan entre sí por billones de conexiones, con el fin de subsistir y de enviar
órdenes a distintas partes del cuerpo mediante señales eléctricas, como
consecuencia de recibir información de nuestros sentidos.
La superficie externa del cerebro
es el córtex cerebral, que extendido encima de una mesa sería como dos hojas de
periódico. Esta parte es el llamado cerebro pensante, que evolucionó después
del sistema límbico o cerebro emocional, cerebro primitivo que traté en el
podcast anterior a este, el que abordaba las emociones.
El cerebro pensante lo enmarcamos
en el lóbulo frontal, ubicado detrás de la frente, siendo el encargado del
trabajo del pensamiento complejo.
Sabemos que la experiencia
percibida por nuestros sentidos y el aprendizaje, moldean y generan nuestros
pensamientos. Y que cuando interactuamos con nuestro entorno adquirimos
conocimientos y habilidades, o lo que es lo mismo, patrones de pensamiento que
nos permiten procesar la información y abordar los problemas que surjan.
A veces, los pensamientos también
se ven influenciados por nuestras emociones, por las creencias que tenemos, por
los valores que albergamos y por la cultura de la sociedad en la que
desarrollamos nuestra vida.
Si Santa Teresa de Jesús dijo
aquello de: “también entre los pucheros anda el Señor”; en relación a los
pensamientos también podríamos decir que andan permanentemente entre los
pucheros, o como los monos, que andan de rama en rama.
Varios estudios científicos
apuntan a que tenemos alrededor de 40.000 a 60.000 pensamientos al día. ¿Qué te
parece esta cifra? Importante dato ¿no?, si sacamos calculadora, nos dan 2.500
pensamientos a la hora y unos cuantos por minuto…
Además, el 95 % de los
pensamientos que tenemos parece que son automáticos y muchos de ellos, a su
vez, negativos, repetitivos y del pasado.
Nuestro cerebro es como una radio encendida 24 horas, que no cesa ni para dormir. Es como una fábrica de tres turnos, sin festivos y sin convenio colectivo. Pero no podría ser de otra manera, porque al igual que nuestro corazón necesita bombear sangre en todo momento, nuestro cerebro está diseñado para pensar y en eso es protagonista y máximo artífice.
Además, en el desarrollo
cotidiano, prestamos atención a los estímulos relevantes y nos valemos de las
diferentes memorias que tenemos para
mantener activa la información en nuestra mente, procesarla o almacenarla.
Hablando de la memoria, los
psicólogos y neurocientíficos que la estudian, consideran que es un conjunto
articulado de sistemas, procesos y niveles de análisis; se sabe que no es
ningún almacén ni ninguna biblioteca, sino más bien una facultad; y que no se
encuentran en ningún lugar específico de nuestro cerebro, aunque el elemento
más importante a considerar de esos elementos interconectados sería el
hipocampo, una pequeña estructura con forma de caballito de mar. Más adelante
dedicaremos una píldora informativa para hablar de este tema tan fascinante, de
nuestra mente maravillosa e infinita.
Otro elemento fundamental que
faculta el pensamiento de los humanos es el lenguaje, que nos permite codificar
el pensamiento, organizarlo y comunicarnos entre nosotros; nos brinda la
capacidad de reflexionar o analizar ideas sofisticadas; podemos establecer
relaciones lógicas, razonar o tomar decisiones basadas en la información
disponible.
Las principales áreas cerebrales
relacionadas con el lenguaje se encuentran en nuestro hemisferio izquierdo y
son las áreas de Broca –lóbulo frontal- y de Wernicke –lóbulo temporal-Son las encargadas del control de los movimientos necesarios para
el habla y proporcionan los circuitos nerviosos para la formación de las
palabras.
En el pensamiento humano
interactúan diversos elementos que caracterizan los procesos cognitivos
individuales, como son: los conceptos, las imágenes mentales, las
representaciones simbólicas, las creencias y actitudes, las emociones o las
motivaciones.
Una de las definiciones que
aprendí y se me quedó grabada cuando estudié psicología fue ésta:” las cosas,
hechos o personas, no son lo que nos hace sufrir, sino que lo que nos degenera realmente
desazón, frustración, malestar y sufrimiento, es la opinión que tenemos sobre
esas cosas, hechos o personas.
Para entender esto y conectarlo
con el pensamiento, nuestro flamante tema de hoy, tenemos que considerar un primer
elemento de análisis: nuestro discurso interior.
¿Te has parado a escuchar alguna
vez tu parloteo interior?
¿Eres consciente de tu
comunicación intrapersonal?
¿Es habitual que hables contigo
mismo/a?...
Pues sí, es normal que
mantengamos conversaciones con nosotros mismos, todos los días. El asunto es
que ese diálogo que tenemos con nosotros mismos/as no podemos analizarlo de
manera pormenorizada, segundo a segundo, porque sería agotador. Y además, puede
generarnos miedos, ansiedades, inseguridades, o por el contrario nos puede
animar a conseguir nuestros objetivos.
Por ejemplo, las personas
autocríticas que se cuestionan constantemente y se juzgan desde dentro de forma
negativa, enfatizan sus defectos y limitaciones autogenerándose falta de
confianza, por lo que será muy difícil que alcancen sus logros sin coste
emocional.
Además, para ahorrarnos esfuerzos
y no morir en el intento, cada vez que tenemos que interpretar algo utilizamos
con nuestro razonamiento lógico o pensamiento, los llamados atajos cognitivos;
es decir, que tiramos por la calle del medio con generalizaciones o juicios
rápidos. Y de esta manera, caemos en los errores o en la trampa de los sesgos y
en las distorsiones o confusiones.
Ya tenemos aquí nuestro segundo
elemento de análisis con los pensamientos y la opinión que tenemos de las cosas
y que nos hace sufrir: los sesgos.
Veamos si te reconoces en alguno
de estos errores cognitivos o procesos heurísticos:
1.- ¿No te has anticipado alguna vez a alguna situación que estaba por venir o has inventado el futuro y te has dicho: “no me van a coger en el trabajo, o no le voy gustar a ese chico o a esa chica”… o te has dicho “y si ocurre esto o lo otro?
A esto se le llama en psicología PREDICCIONES NEGATIVAS.
2.- ¿No te has colgado alguna etiqueta o has asignado un
sambenito a alguien, conjugando el todo con un término a secas, del tipo: soy
un pesado o esta persona es muy torpe…?
Eso son ETIQUETAS.
3.-. ¿Acaso no has adivinado antes lo que piensa el resto
del mundo, como si les leyeras su pensamiento, sin haberles preguntado nada?
Estamos ante una LECTURA MENTAL.
4.- ¿No has creado de un acontecimiento particular una
regla general, utilizando términos como siempre, nunca, todo o nada,
convirtiéndote en absolutista?
Esto es la HIPERGENERALIZACIÓN.
5.- ¿No has descrito alguna situación vivida con exceso de
dramatismo y mayor intensidad de la que realmente tenía?
Esto son los ADJETIVOS DESMEDIDOS
6.- EXCESO O AUSENCIA DE RESPONSABILIDAD: ¿No has tenido
alguna vez un exceso de celo o responsabilidad por algo o alguien; e incluso,
nada de responsabilidad aun sabiendo que era de tu competencia?
7.- PENSAMIENTO POLARIZADO: ¿No has considerado alguna vez
los hechos solo con dos caras y sin matices, siendo esta una visión un tanto
constreñida del mundo y de la realidad?
8.- ¿Te machacas mucho con la expresión “tengo que o
debería de”.
Pues bien, los anteriores sesgos, pueden minar nuestra autoestima, alterar las relaciones con los demás y nos pueden conducir a algún que otro trastorno psicológico.
Los errores cognitivos o procesos heurísticos, nos separan
de la realidad porque aplicamos etiquetas automáticas a persona y objetos con
el consiguiente prejuicio social; nos basamos en procesos emocionales en vez de
racionales y creemos con fuerza en nuestros pensamientos y en los sentimientos
negativos que se general de estos.
Las terapias psicológicas cognitivo-conductuales abordan de manera pormenorizada estos errores del pensamiento para reconocerlos y reestructurarlos con el fin de modificar sus conductas para preservar la salud mental de los pacientes.
Otras terapias psicológicas de tercera generación incluyen técnicas probadas científicamente para no caer en la rumiación permanente, como es el mindfulness, que nos permite manejar el pensamiento y calmar a su vez la mente.
Consiste básicamente en observar y aceptar los pensamientos tal y como son, en el momento presente, aquí y ahora, y tal y como nos llegan; sin juzgarlos, para que con amabilidad y delicadeza, dejemos que pasen sin que nos arrastren. Para ello tenemos que poner el foco de atención en algún elemento interno o externo, por ejemplo en la respiración.
Seguro que alguna vez cuando eras pequeño/a te aconsejaron
para conciliar el sueño contar ovejitas, pues esto es lo mismo pero sin
ovejitas.
Recuerda que para cultivar nuestra mente infinita y
maravillosa, es importante mantener un diálogo interior saludable, reconocer
los sesgos de nuestros pensamientos y aplicar técnicas efectivas para dejar de
rumiar y encontrar nuestro bienestar.
Puedes escucharlo también pinchando este enlace:
https://podcasters.spotify.com/pod/show/joseantonioguallarclaver
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