domingo, 17 de diciembre de 2023

LOS PENSAMIENTOS

 

A lo largo de la historia de Occidente, una de las principales preocupaciones filosóficas, ha sido entender la naturaleza del pensamiento.

Como ejemplos, podríamos citar al gran maestro griego Aristóteles, que creía que los recuerdos eran espíritus que viajaban de la sangre hasta el corazón, en el siglo IV a.C.; o a Descartes, filósofo francés del s. XVI, que dijo la famosa frase de: “cogito ergo sum: pienso, luego existo”.

En la historia de la Psicología, ciencia hermanada con la filosofía, el pensamiento humano ha pasado por diferentes etapas de estudio. Uno de los más sobresalientes fue llevado a cabo por uno de los padres de la psicología científica, Wilheim Wundt, quien a principios del siglo XX, propuso el estudio del pensamiento observando los productos de la sociedad, como el arte o el lenguaje.  

Un pensamiento es una idea, un concepto o una imagen que surge en nuestra mente.

Si lo etiquetamos, podríamos decir que puede ser consciente, inconsciente, racional, irracional, lógico o ilógico;  puede estar relacionado con aspectos de nuestra vida, con otros pensamientos, con nuestros intereses o incluso con algunas experiencias.

Los pensamientos, son la base del razonamiento humano y forman parte de una actividad mental fundamental y compleja, pues nos permiten procesar la información, tomar decisiones o comprender el mundo que nos rodea.

Nuestro cerebro es el eje central de la generación de pensamientos; pesa alrededor de un kilo cuatrocientos gramos y contiene unas 100.000 millones de neuronas. Está en permanente estudio y todavía no se conoce en su totalidad. En fechas recientes se ha descubierto el mapa completo del cerebro de las ratas, siendo un paso muy importante para entender la mente humana porque la mayoría de los experimentos se hacen con estos animales en laboratorios.

Las neuronas del cerebro humano se conectan entre sí por billones de conexiones, con el fin de subsistir y de enviar órdenes a distintas partes del cuerpo mediante señales eléctricas, como consecuencia de recibir información de nuestros sentidos.

D. Santiago Ramón y Cajal junto con Camilo Golgi, fueron nombrados premios nobel de Medicina en 1906, al ser los artífices del descubrimiento de los mecanismos que regulan la conectividad de las neuronas, describiendo las primeras sinapsis o uniones de las mismas, a través de sus impulsos nerviosos.

La superficie externa del cerebro es el córtex cerebral, que extendido encima de una mesa sería como dos hojas de periódico. Esta parte es el llamado cerebro pensante, que evolucionó después del sistema límbico o cerebro emocional, cerebro primitivo que traté en el podcast anterior a este, el que abordaba las emociones.

El cerebro pensante lo enmarcamos en el lóbulo frontal, ubicado detrás de la frente, siendo el encargado del trabajo del pensamiento complejo.

Sabemos que la experiencia percibida por nuestros sentidos y el aprendizaje, moldean y generan nuestros pensamientos. Y que cuando interactuamos con nuestro entorno adquirimos conocimientos y habilidades, o lo que es lo mismo, patrones de pensamiento que nos permiten procesar la información y abordar los problemas que surjan.

A veces, los pensamientos también se ven influenciados por nuestras emociones, por las creencias que tenemos, por los valores que albergamos y por la cultura de la sociedad en la que desarrollamos nuestra vida.   

Si Santa Teresa de Jesús dijo aquello de: “también entre los pucheros anda el Señor”; en relación a los pensamientos también podríamos decir que andan permanentemente entre los pucheros, o como los monos, que andan de rama en rama.

Varios estudios científicos apuntan a que tenemos alrededor de 40.000 a 60.000 pensamientos al día. ¿Qué te parece esta cifra? Importante dato ¿no?, si sacamos calculadora, nos dan 2.500 pensamientos a la hora y unos cuantos por minuto…

Además, el 95 % de los pensamientos que tenemos parece que son automáticos y muchos de ellos, a su vez, negativos, repetitivos y del pasado.

Nuestro cerebro es como una radio encendida 24 horas, que no cesa ni para dormir. Es como una fábrica de tres turnos, sin festivos y sin convenio colectivo. Pero no podría ser de otra manera, porque al igual que nuestro corazón necesita bombear sangre en todo momento, nuestro cerebro está diseñado para pensar y en eso es protagonista y máximo artífice.

Además, en el desarrollo cotidiano, prestamos atención a los estímulos relevantes y nos valemos de las diferentes  memorias que tenemos para mantener activa la información en nuestra mente, procesarla o almacenarla.

Hablando de la memoria, los psicólogos y neurocientíficos que la estudian, consideran que es un conjunto articulado de sistemas, procesos y niveles de análisis; se sabe que no es ningún almacén ni ninguna biblioteca, sino más bien una facultad; y que no se encuentran en ningún lugar específico de nuestro cerebro, aunque el elemento más importante a considerar de esos elementos interconectados sería el hipocampo, una pequeña estructura con forma de caballito de mar. Más adelante dedicaremos una píldora informativa para hablar de este tema tan fascinante, de nuestra mente maravillosa e infinita.

Otro elemento fundamental que faculta el pensamiento de los humanos es el lenguaje, que nos permite codificar el pensamiento, organizarlo y comunicarnos entre nosotros; nos brinda la capacidad de reflexionar o analizar ideas sofisticadas; podemos establecer relaciones lógicas, razonar o tomar decisiones basadas en la información disponible.

Las principales áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje se encuentran en nuestro hemisferio izquierdo y son las áreas de Broca –lóbulo frontal- y de Wernicke –lóbulo temporal-Son las encargadas del control de los movimientos necesarios para el habla y proporcionan los circuitos nerviosos para la formación de las palabras.  

En el pensamiento humano interactúan diversos elementos que caracterizan los procesos cognitivos individuales, como son: los conceptos, las imágenes mentales, las representaciones simbólicas, las creencias y actitudes, las emociones o las motivaciones.

Una de las definiciones que aprendí y se me quedó grabada cuando estudié psicología fue ésta:” las cosas, hechos o personas, no son lo que nos hace sufrir, sino que lo que nos degenera realmente desazón, frustración, malestar y sufrimiento, es la opinión que tenemos sobre esas cosas, hechos o personas.

Para entender esto y conectarlo con el pensamiento, nuestro flamante tema de hoy, tenemos que considerar un primer elemento de análisis: nuestro discurso interior.

¿Te has parado a escuchar alguna vez tu parloteo interior?

¿Eres consciente de tu comunicación intrapersonal?

¿Es habitual que hables contigo mismo/a?...

Pues sí, es normal que mantengamos conversaciones con nosotros mismos, todos los días. El asunto es que ese diálogo que tenemos con nosotros mismos/as no podemos analizarlo de manera pormenorizada, segundo a segundo, porque sería agotador. Y además, puede generarnos miedos, ansiedades, inseguridades, o por el contrario nos puede animar a conseguir nuestros objetivos.

Por ejemplo, las personas autocríticas que se cuestionan constantemente y se juzgan desde dentro de forma negativa, enfatizan sus defectos y limitaciones autogenerándose falta de confianza, por lo que será muy difícil que alcancen sus logros sin coste emocional.

Además, para ahorrarnos esfuerzos y no morir en el intento, cada vez que tenemos que interpretar algo utilizamos con nuestro razonamiento lógico o pensamiento, los llamados atajos cognitivos; es decir, que tiramos por la calle del medio con generalizaciones o juicios rápidos. Y de esta manera, caemos en los errores o en la trampa de los sesgos y en las distorsiones o confusiones.

Ya tenemos aquí nuestro segundo elemento de análisis con los pensamientos y la opinión que tenemos de las cosas y que nos hace sufrir: los sesgos.

Veamos si te reconoces en alguno de estos errores cognitivos o procesos heurísticos:

1.- ¿No te has anticipado alguna vez a alguna situación que estaba por venir o has inventado el futuro y te has dicho: “no me van a coger en el trabajo, o no le voy gustar a ese chico o a esa chica”… o te has dicho “y si ocurre esto o lo otro?

A esto se le llama en psicología PREDICCIONES NEGATIVAS.

2.- ¿No te has colgado alguna etiqueta o has asignado un sambenito a alguien, conjugando el todo con un término a secas, del tipo: soy un pesado o esta persona es muy torpe…?

Eso son ETIQUETAS.

3.-. ¿Acaso no has adivinado antes lo que piensa el resto del mundo, como si les leyeras su pensamiento, sin haberles preguntado nada?

Estamos ante una LECTURA MENTAL.

4.- ¿No has creado de un acontecimiento particular una regla general, utilizando términos como siempre, nunca, todo o nada, convirtiéndote en absolutista?

Esto es la HIPERGENERALIZACIÓN.

5.- ¿No has descrito alguna situación vivida con exceso de dramatismo y mayor intensidad de la que realmente tenía?

Esto son los ADJETIVOS DESMEDIDOS

6.- EXCESO O AUSENCIA DE RESPONSABILIDAD: ¿No has tenido alguna vez un exceso de celo o responsabilidad por algo o alguien; e incluso, nada de responsabilidad aun sabiendo que era de tu competencia?

7.- PENSAMIENTO POLARIZADO: ¿No has considerado alguna vez los hechos solo con dos caras y sin matices, siendo esta una visión un tanto constreñida del mundo y de la realidad?

8.- ¿Te machacas mucho con la expresión “tengo que o debería de”.

Cuidado con estos deberías porque suele aparecer la culpa y es un gran lastre a tener en cuenta.

Pues bien, los anteriores sesgos, pueden minar nuestra autoestima, alterar las relaciones con los demás y nos pueden conducir a algún que otro trastorno psicológico.

Los errores cognitivos o procesos heurísticos, nos separan de la realidad porque aplicamos etiquetas automáticas a persona y objetos con el consiguiente prejuicio social; nos basamos en procesos emocionales en vez de racionales y creemos con fuerza en nuestros pensamientos y en los sentimientos negativos que se general de estos.

Las terapias psicológicas cognitivo-conductuales abordan de manera pormenorizada estos errores del pensamiento para reconocerlos y reestructurarlos con el fin de modificar sus conductas para preservar la salud mental de los pacientes.

Otras terapias psicológicas de tercera generación incluyen técnicas probadas científicamente para no caer en la rumiación permanente, como es el mindfulness,  que nos permite manejar el pensamiento y calmar a su vez la mente. 

Consiste básicamente en observar y aceptar los pensamientos tal y como son, en el momento presente, aquí y ahora, y tal y como nos llegan; sin juzgarlos, para que con amabilidad y delicadeza, dejemos que pasen sin que nos arrastren. Para ello tenemos que poner el foco de atención en algún elemento interno o externo, por ejemplo en la respiración.

Seguro que alguna vez cuando eras pequeño/a te aconsejaron para conciliar el sueño contar ovejitas, pues esto es lo mismo pero sin ovejitas.

Recuerda que para cultivar nuestra mente infinita y maravillosa, es importante mantener un diálogo interior saludable, reconocer los sesgos de nuestros pensamientos y aplicar técnicas efectivas para dejar de rumiar y encontrar nuestro bienestar.

 


Puedes escucharlo también pinchando este enlace: 

https://podcasters.spotify.com/pod/show/joseantonioguallarclaver

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